Playas y calas

Colònia de Sant Pere – Na Picarandau ida y vuelta

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Tres eran tres las hijas de Inés, los tres cerditos, la Santísima Trinidad, la tricolor, los tres puntos de apoyo, triptongos, triángulos, el tridente del Barça, nuestro triplete, nuestro segundo triplete, los ángeles de Charlie, el tres en raya, tres en la carretera, tiro de tres, un hat-trick, una regla de tres, los tres tristes tigres, tres en un sofá, los tres mosqueteros, los tres tenores, tarta de tres chocolates, los tres días del cóndor, los reyes magos, la cruz de los tres reinos, tres ideas sobre una misma crónica, tres zumbados de calas,…….tres eran tres….solo nosotros tres. En esta ocasión…..si estaban todos los que son y son todos los que estaban.

Leía por ahí, que en la cultura medieval cristiana es un número perfecto, no se si porque dos posan y uno hace la foto, si porque dos hablan y el otro permanece en silencio, o si porque los tres se ponen de acuerdo y degustan tres Estrellas de, digo, en Betlem. Este número, primer primo impar, (algo aprendimos en la carrera de…….la vida), simboliza el movimiento continuo y la perfección de lo acabado. Ni en mis mejores sueños se me hubiera ocurrido descripción mas ilustrativa de nuestro viaje iniciático. No paramos de mover piernas y brazos en ningún momento en busca del valhalla, la tierra prometida. El merecido punto final a tamaño esfuerzo, se presento sin avisar, en el paseo marítimo de la Colònia del de las llaves, con una estupenda Alhambra sugerida por una granaina-mallorquina y una no menos espiritual Mahou, mientras la tercera pata del banco compraba collares en el puestecillo de enfrente. Número celeste considerado por los creyentes, cuando uno de los vértices indica hacia arriba y a fe mía que la han clavado, ya que con la que estaba cayendo si inviertes el triángulo, no había forma humana de protegerse del calor…del cuerpo celeste. Paradojas de las religiones, lo que para algunos es un acto de Fe para nosotros era….la paranoia del Fer.

Quedo pendiente en su día costear desde la Colònia de Sant Pere hasta Betlem y aprovechando que el Mediterráneo baña nuestra Roqueta, alargar el paseo y enseñar zona conocida a la única fémina del trio, que seguro le encantaría. Como tradición que pasa de padres a hijos y perpetua la especie, todo aquel que osa aparecer inconscientemente por el antiguamente conocido como grupo diverso, disperso, pero bien avenido, lleva implícito el no volver a ojear un mapa en la vida, para algunos unos dibujos con rayas y colores y para otros, que alguna vez lo consiguieron abrir sin dobleces ni arrugas, desaparece el afán por conocer, como un olvido perenne, sin mas pretensión que….se preocupe otro. Esto, que escribo para quejarme en su justa medida, a través de estas líneas trazadas con mas ilusión que ganas, de la tranquilidad con la que algunos ven pasar la vida ante sus narices, lo utilizo sabiamente para decidir el paseo que me conviene y endosar a mis compañeros de cordada kilómetros a tutiplén. Con la tontería de unos doce kilómetros de nada y el menosprecio a un terreno rompe piernas, nos metimos entre pecho y espalda casi veinte de rocas, pista de tierra, senderillos de cabras y algo de asfalto abrasivo.

El tramo de la Colònia a Betlem fue sorprendentemente enriquecedor. Saliendo en dirección a Cala des Camps, rápidamente dejamos la carretera para costear a nivel de mar, que ya no abandonaríamos hasta la subida desde Na Clara. Fuimos superando los siguientes rincones; Platja Caleta Ermitans, Cala dels Camps Vells que recibe diferentes nombres, Cala des Camps, Ca los Camps, Ca los Cans o Caló’s Cans. En esta cala destacan la presencia de varios escars, tamarells y un bunker defensivo de ametralladoras. Platja canons banyera ermitans, Platja dels Maressos, Caló d’es Corb Marí……apenas nadie en las numerosas playas y calas que superábamos y prácticamente ningún bañador, bikini o sucedáneos.

Había momentos que el grupo estaba totalmente desperdigado, cada uno absorto en sus pensamientos transitaba a su puta bola y yo me hacía cruces al intentar dirigir un grupo tan numeroso y resabiado. “Tendré que comprometerme con grupos mas reducidos y menos problemáticos” musitaba para mis adentros, mientras uno hacía fotos y la otra con un hambre de mil demonios, buscaba una cala para merendar y darnos el primer chapuzón del día. Dio la voz de alto y allí que nos quedamos en una calita espectacular. Baño, bocadillo, fruta y…”hacia Betlem va una burra rin, rin,…yo me remendaba, yo me remendé…” juro que no se coser y que no tiene nada que ver con nuestra compañera de pateada, válgame Dios y el tres, número espiritual donde los haya, que además es mi querida mujer, sino que fue la cancioncilla que se me metió entre oreja y oreja y fui tatareando todo el día…hasta que la anteriormente citada, se arrancó con la de “el chiringuito, el chiringuito….” pero eso es adelantar acontecimientos y quitar al cuerpo un montón de kilómetros, calor y cansancio.

Bordeamos Betlem y sus calas por el mar y tras preguntar a un bañista y su perro, nos cercioramos que era el trayecto adecuado para llegar a Na Clara por el mar. Bonita forma de alcanzar la cala. Tras cuatro fotos de rigor ascendimos a la pista de tierra que une Betlem con las calas de Artà y proseguimos nuestra marcha.

Segundo chapuzón del día en Es Caló o es Caló de Betlem con relativamente no demasiados barcos a eso de las doce del mediodía. Miguel quería acomodarse en el mismo lugar que la vez anterior, debajo de un pino en mitad de la cala y para allí que nos fuimos. No había nadie y mas contentos que unos jinjols nos despojamos de mochilas y zapatillas para tirarnos al agua, cuando (banda sonora de misterio) allá a lo lejos y de forma decidida, se aproximaba una barquita con abuelos y niños que fue a atracar a escasos metros de nuestra tierra conquistada al enemigo invasor, ese ejercito sanguinario de guiris y residentes con barca. A pesar de la inmensidad (a ojos de un niño risueño) de la cala…adivina donde aposentaron sus reales bien provistos de palas y cubos de plástico. Yo, ceremonioso que es uno quitándose las cosas y depositándolas perfectamente dobladas en su sitio correspondiente, fui el último en acercarme al mar y lo pague con creces. No solo tuve que saltar de puntillas sorteando niños, vestidos extrañamente con gorras y camisetas diez tallas mas grandes, sino que sufrí un intento de barquicidio, mejor dicho, de un intento de atraque en mi cabeza de una mierda de barquita, desastrosamente guiada por un energúmeno talla XLL superior, con pañuelo ridículo en la cabeza cerveza en mano que ni se digno a pedir disculpas. Observar, acto seguido, a Miguel y a Lluisa respirar aliviados cuando el que esto suscribe no monto ningún pollo es digno de alabar, pero reconozco, sinceramente, que aparte de quedarme sin palabras ante lo surrealista de la escena me corto, afortunadamente, la imagen de los tres niños toca pelotas correteando por el mar y lanzando arena ante la atenta mirada del abuelo de la orilla y el inútil de la barca. Anécdotas playeras de un día de verano. Invitados a irnos de forma sibilina, no dudamos en desaparecer del guión verano azul y nos fuimos con la música (yo seguía tatareando la famosa cancioncilla) a otra parte. Nos acercamos a la última cala accesible por tierra, Na Picarandau para que Lluisa la conociera. En un primer momento la idea era comer allí pero tras superar la cala del Torrent d’es Rossillers y observar desde arriba la cala, la vimos demasiado masificada con cuatro personas y desistimos de destrepar hacia allí. Volviendo sobre nuestros pasos, superamos la Punta d’es Caló y nos acercamos a Sa Platjola. “Genial, aquí nos quedamos y comemos”. Playita muy atractiva. Prácticamente vacía. Cuatro chicas, un perro, ningún bañador. Yo me bañe antes y después de comer, mientras mis dos compañeros del día disfrutaban de la sombra de un pequeño recoveco de la cala. Yo apuraba mi momento en el agua. Nos quedaba lo peor. Vuelta a la Colònia. Un buen trecho. La idea original era haber ido con dos coches y dejar uno en Betlem, poco antes del inicio de la pista, como punto final de la excursión pero yo propongo y……..Paulino dispone…no acudir después de su curso profesional de kayak. Amen. Superando el calor reinante a eso de las dos del mediodía y un par de arbustos asesinos que se creen con derecho a todo cuando una busca un rinconcito escondido para echar líquidos, fuimos avanzando por la pista a buen ritmo, tanto es así que llegamos a Betlem sin apenas darnos cuenta. Buscando la calle que nos llevara al sendero del mar transitado por la mañana, vimos un cartel esperanzador “Bar Es Caló, a 50 metros”….”Eiiiiiii, solo a 50 metros, som-hi!!!!”….¿50 metros?, si fuera por el autor despiadado del anuncio y su dominio de los números, apenas habríamos andado un par de kilómetros en nuestra excursión sabatina. Que arte tuvo el jodido para que la gente se harte literalmente de buscar el barecito en cuestión. Menos mal que la suiza simpática del establecimiento y sus tres Estrellas hicieron que se nos pasase rápidamente el mal trago de la búsqueda a tientas. Ya en ese momento Lluisa había decidido que hacía la ruta entera, que no nos esperaba en Betlem como originalmente era su idea y que sellaba con nosotros dos la pateada del sábado al sol. Este tramo pendiente se nos hizo especialmente largo. Apenas eran cuatro kilómetros y algo pero por la condición de ser los últimos y de ser la hora de máximo calor, tuvieron su gracia…envenenada. Poco antes de llegar al coche, ya encima del asfalto del último kilómetro, Lluisa sugirió con buen criterio darnos el último chapuzón y quitarnos la inmensa sudada que llevábamos. Enfrente del parking donde teníamos el coche, en la Playa de piedras de la Colònia de Sant Pere refrescábamos nuestras ideas e ilusiones merecidamente. A diferencia de las botas de Andreu colgadas de cables de media isla tras superar sus retos, yo dejaba en la papelera de la plaza mis cangrejeras, rotas y doloridas por un intenso trasiego de calas, como un símbolo de lo disfrutado y de lo que tiene que llegar.

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Subiendo de Na Clara felices y contentos

Las fotos Melga

Yo vi felicidad desde el bunker, que verían los soldados en la guerra civil ??????
Yo vi felicidad desde el bunker, que verían los soldados en la guerra civil ??????

 

 

 

 

 

 

 

3 Comentarios

  • paulino

    Excursión preciosa por una de las zonas más vírgenes de nuestro litoral. Lástima no poder haber ido con vosotros…pero las obligaciones de Esquirols me lo impidieron. Prometo que a la próxima…si es que se hace…iré. Un aplauso a Lluisa por acabar la excursión hasta el final, sin recurrir a la posibilidad de ir a buscar el coche o qué sé yo…¿ un taxi?.
    Hasta el próximo sábado….creo.

  • melga

    Ya conocía la zona de visitas anteriores, eso si no con la profundidad que la recorrimos este sábado. Como siempre es un placer caminar con amigos a tu lado, el camino se hace menos duro y mas ameno si tienes donde darte un chapuzón y si es en calas solitarias mas que mas. Creo que las fotos y la crónica de Fernado va a la par, ambas te transportan a esos lugares que los tres compartimos. A los ausentes saludarlos desde esta tribuna que es de unos pocos ya que la gente no esta por la labor de compartir unas palabras y colaborar.
    Nos vemos pronto y recordad que ya nos queda poco para nuestra aventura anual de mas de 2000 metros ( Pirineos )

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