Excursiones

La Mola de Planícia por el Comellar des Teixos

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La crónica de la excursión de ayer, sábado, se resume en dos momentos. La subida a la Mola por una serie de rossegueras, pequeñas trepadas y el Comellar des Teixos y las increíbles vistas desde cualquiera de las dos cimas donde una finísima capa de niebla y unas nubes esponjosas fueron dibujando unas imágenes guapísimas.

Sobre una crónica de Emilio Alonso, encontré un texto de Viaranys y para allá que nos fuimos, a hacer una semicircular saliendo de la plaza de Banyalbufar (donde a las 9 menos algo de la mañana una niña de pocos años se lanzaba a tumba abierta por la pendiente de la calle principal sobre un tractor de juguete…….que daño esta haciendo la fórmula 1!!!). Pista asfaltada en subida pronunciada, parte del Cami des Correu que lleva hasta Esporles. A la altura de la antigua fábrica abandonada, nos desviamos a mano derecha para coger la pista de tierra que te lleva a las casas de Arboçar. Una vez superadas las ruinosas casas de Son Sanutges llegamos a las de Arboçar donde cayeron un par de fotos. Durante la bajada por la pista fuimos admirando enfrente nuestro la silueta de la Mola en su máximo esplendor, intentando divisar que rosseguera sería la que habría que superar para ascender a la Mola. Una vez abandonamos el Camí de sa Mola, empieza de verdad la aventura ya que apenas encontramos fitas en toda la subida. Santi iba delante con el texto descifrando las referencias que aparecían escritas y yo iba detrás echando un ojo cada cierto tiempo a la ruta volcada en el teléfono. Y así entre “Fernando, que dice el GPS?” y ” vamos bien, hay que subir diagonal izquierda”, fuimos ascendiendo a medida que la dureza de la subida iba incrementando. Superamos un pequeño deslizamiento de rocas mediante una trepada y una corta travesía y nos entretuvimos en echar cuatro fotos a los últimos que subían, con toda la vista abierta detrás de ellos. Ese era el punto donde se salía del tupido bosque de encinas y donde por primera vez tenías referencia física de lo ascendido. A partir de ahí, una rosseguera larga, dura y muy, muy entretenida, con especial cuidado en el primer y último tramo donde las grandes rocas prácticamente inmóviles desaparecían a cambio de pequeñas piedras, tierra y superficie de poca adherencia, muy resbaladiza. El grito de “piedra” se iba escuchando continuamente y aunque algún@ se exceda, no gritando, sino avisando de algo aunque no ocurra, toda precaución es poca. La perra de Bàrbara y….sus cuatro patas, nos pegó algún susto al respecto. Recomiendo visualizar las distintas fotos que hay del ascenso por la rosseguera, embudos, chimenea etc, ya que de verdad que fue un gran descubrimiento. Algún tramo me recordó  la subida al Galileu por la cara Norte. Las vistas que vas dejando a tu espalda te van dejando sin palabras. Una vez superado el Comellar des Teixos y las placas de Medio Ambiente en los distintos Teixos, llegamos a un pequeño colladito vía de salida de la subida encajonada. Desde allí, un minuto a las dos cimas, la principal con su punto geodésico y la otra con la caseta derruida de vigilancia. Santi nos comentó que durante la subida, Jaume había repasado todo el santoral, quejándose a cada paso de la inestabilidad del terreno y del movimiento de las rocas…..no me extraña que estas, a su paso, se fueran moviendo, huyendo despavoridas ante semejante retahíla de insultos y menosprecios. El problema es que las veíamos pasar a toda velocidad, los que circulábamos unos metros más abajo….jajaja. Comida y descanso, tranquilo y prolongado, en la cumbre. Creo que ha sido uno de los días que más tiempo hemos estado tumbados en una cumbre. La verdad es que las vistas de casi 360º, la temperatura, el solecito, una brisa fresquita, una niebla muy fina que iba y venía, nubes, etc convertían el lugar en un sitio único. Fotos y más fotos y camino de regreso. Para no variar, en vez de coger el camino de carro que desciende suavemente por la falda de la Mola, seguimos unas fitas que nos hicieron perder unos 200 metros de desnivel en un visto y no visto. Rápidamente llegamos al Camí de sa Mola que haciendo suaves lazadas venía por la otra vertiente. De nuevo en el bosque, los madroños que alguno no se había comido por la mañana, iban desapareciendo a medida que íbamos descendiendo hasta llegar a la pista de tierra. Desde allí, solo quedaba deshacer el camino hecho previamente y llegar a la plaza de Banyalbufar donde……….la niña de la mañana seguía jugando en la calle.

Solo quedaba brindar por un gran día y por todas las nuevas salidas que nos esperan…..como la del sábado que viene, que promete.

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Un comentario

  • melga

    Estupenda crónica que resume a la perfección las experiencias vividas este sábado pasado, vamos descubriendo parajes que vale la pena ser visitado y de las fotos que decir!!!! como siempre cojonudas y lo mejor de todo es que cuando las ves revives esos momentos, ya sabes que si quieres vivirlos no te queda otra, ven y no esperes que te los contemos.
    Salud dos

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