Excursiones

NA FÁTIMA por Fernando Alomar

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Qué mejor época para caminar por la montaña que el otoño. En Mallorca, se quejan unos, no hay una explosión multicolor de caducifolios (pinos, olivos y ullastres son perennes, solo algunos olmos y polls se hacen notar por estas fechas) como en otras latitudes. En Mallorca, mantenemos otros, tenemos otoños suaves, amables, acogedores, puntuados solo por borrascas cada vez más impuntuales.

El otoño, con pandemia o sin pandemia, es la estación ideal para desempolvar pantalones de montaña más gruesos, polares o segundas capas más cálidas, sumar kilómetros en el contador de las botas y aprovechar los menguantes días para caminar, merendar y hablar.

¿La estación ideal he dicho? ¿El otoño la estación ideal? Eso debió ser en tiempo de nuestros bisabuelos. Contaba Cervantes que en Madrid solo hay dos estaciones al año, el invierno y el infierno. En Mallorca, con el cambio climático, vamos por el mismo camino. Mejor dicho, nos encaminamos a una sola, y no la gélida precisamente.

La salida del pasado sábado debía ser como las excursiones otoñales de antaño. Na Fátima desde Raixa via es Colomer y el Puig de ses Fites y regreso por la pista de Raixeta. Diez kilómetros de longitud, sube y baja ni facilón ni extremo en los dos primeros tercios de la ruta, terreno ni chupado ni roñoso del todo, y magníficas vistas, aunque ese adjetivo pueda aplicarse a centenares de cumbres mallorquinas.

Como estábamos más pendientes del Covid que del cambio climático, el zapatazo de calor húmedo nos pilló a contrapié. Incluso sin polares o sudaderas el sube y baja con esa sudadera rozó lo insoportable; los sencillos pasos de bajada o las pequeñas grimpadas de subida bajaban la tensión y los ánimos. La cumbre de Na Fátima fue un alivio más que un triunfo. Alivio aliviado por el merecido almuerzo y por los voltors que rozaron nuestros pelos (y calvas) con su plácida gallardía. La bajada, por una directísima a Raixeta, volvió a recordarnos que en la montaña cuando te sales de las sendas habituales hay roña y cortados sorpresa, sin que eso sea una sorpresa para montañeros curtidos como los de esta panda.

Aunque sobró calor no faltó, ni faltará nunca en este grupo, la xarrera, las chanzas, las batallitas, las pequeñas anécdotas personales, los planes de futuras caminatas cercanas o lejanas, o los ánimos y la paciencia con el que ese día no está fino.

Como guinda final el guía oficial se desdobló como comercial cervecero ofreciéndonos una muestra de exquisitos néctares de su catálogo. Regalo que merece otro sonoro agradecimiento:

¡Hip! ¡Hip! …

Las fotos del día

Puig de Na Fatima,

El track de la ruta.

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