Pirineos 2014. La crónica………..

Pirineos 2014. La crónica………..

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Como ya nos vamos conociendo todos y no es cuestión de engañar a nadie, empezaré esta crónica por los agradecimientos. Como la memoria ya nos va fallando a alguno de los aquí presentes, me he sentido cómodo relatando los distintos días según las situaciones y momentos que hoy recuerdo y dentro de unos días seguro que confundiré con vivencias parecidas o excursiones distintas. El que avisa no es traidor, las campanas de la torre suenan cada hora y esto es un castigo divino, siempre y cuando no te guste leer……

Agradecimientos en primer lugar a los diez que me acompañaron en esta ocasión. Cada uno de ellos con sus virtudes, pocas, y defectos, muchos, han convertido los días vividos en días inolvidables y de recuerdo imborrable. Manel como voz de la conciencia, María con su risa contagiosa, Aina con su capacidad de imaginarse cosas que a veces ni ocurren, Jaume con su ahora estoy y ahora no, Bernar y sus momentos místicos (si, si, pero todos eh!!!), Joana y su buen rollo continuo, Libero y su mundo, Klaus y el suyo (un verdadero placer), Miguel y todo lo que él significa para el grupo, Bárbara y su desparpajo y como lo ha disfrutado este año. Agradecerme a mi también, ese comportamiento ejemplar que he tenido, solo soliviantado por algún que otro momento de momentos momentáneo. Que complicado y no lo digo yo, es a veces aguantarme a mi mismo. Agradecer también a todos los que querían venir y no pudieron, seguro que habrá ocasiones futuras para tirarnos los trastos a la cabeza y a aquellos que ni se lo plantearon, porque es bueno para nuestra amistad que la convivencia no altere el buen rollo que nos demostramos en el día a día.

Si normalmente es complicado empezar a escribir sobre un día concreto por la cantidad de anécdotas y situaciones que se van presentando, no quiero ni pensar lo que puede salir al intentar llevar al papel una semana de recuerdos y vivencias. Todo lo que ha sucedido esta semana y se ha ido preparando durante este 2014, con muchas menos reuniones de las habituales y con poco más de tres personas tirando del carro y organizando la película (Manel, Aina y Bárbara), se empezó a fraguar en el bosque de Carlac hace justamente un año. Los cuatro hombres de aquel año recorríamos en solitario aquella maravilla recordando la etapa más montañera de la ruta Setau Sageth por el Valle de Arán y asumiendo que todos, cada uno a su manera, la habíamos disfrutado plenamente. Escuchando comentarios tenía muy claro la sugerencia para este año. Alta montaña de principio a fin, del primer día al último, incluso adelantando ya en aquel momento dos nombres, Refugio de Góriz y Monte Perdido. Durante el último mes del año pasado hubo un conato, amistoso, de cambio sobre la marcha y nuevas sugerencias antes de empezar a organizar definitivamente el viaje en cuestión. Se sugirió La ruta circular del Matterhorn o Cervino y el Triglav en los Alpes Julianos de Eslovenia. Ambas se descartaron por precio y circunstancias varias, personales, de alguno de los componentes del grupo. A medida que se acercaba la hora de reservar vuelos, refugios y modo de transporte, las tres personas antes mencionadas cogieron las riendas y desarrollaron un trabajo arduo y ejemplar para llevar a buen puerto la propuesta global. Reconozco que este año, por razones que no vienen al caso, me desentendí bastante del núcleo duro de la organización y me limite a abonar pagas y señales y a buscar información sobre las rutas programadas y a comparar agostos de distintos años por el tema de la nieve. Vaya desde aquí, pues, mi agradecimiento a tan desinteresada labor y meritoria constancia (es complicadísimo obtener respuesta rápida y continua de algún refugio durante determinados meses del año) haciendo el seguimiento de cada uno de los temas a resolver. Llego la primera semana de Agosto y el grupo aventurero de los peligros de la montaña y del infierno de la convivencia, “Coge la mochila y llénala hasta los topes” se ponía en marcha. 11 personas, alguna reservando por su cuenta a última hora, nos citábamos a distintas horas, en distintos sitios y con distintos coches (recordad eso de grupo diverso, disperso pero bien avenido) para acabar coincidiendo en uno de los mostradores de Vueling en el aeropuerto. Imagino que los veteranos del grupo estarán recordando esos viajes idílicos donde apenas cuatro o cinco personas componían el grueso de la cordada. En este caso, éramos los que éramos pero seguro que alguno más se hubiera liado la manta a la cabeza de haber encontrado disponibilidad en los refugios o que circunstancias varias no lo hubieran evitado. Dos personas habían reservado por su cuenta por lo que no aparecían en la relación grupal. En esas estábamos, cuando un fallo técnico, un ordenador que se apaga y una impresentable que no se que me rebuznaba intentando evitarme para acceder al mostrador de al lado, hicieron que empezará el día más alterado que de costumbre. Filas 6 y 7, café al final del pasillo de las puertas D, media horita de vuelo y aterrizaje en Barcelona. Siguiente objetivo del día, buscar el parking donde nos recogería el bus del alquiler de coches Gold Car. Si en la vida nos hemos perdido por la montaña y nuestro sentido de la orientación es conocido allende los mares, como no íbamos a encontrar el parking en cuestión a la primera?. Pues eso, que bonito es mi patio cuando llueve!!!. Primer selfie grupal en el bus dirección al hangar de la compañía por un polígono del aeropuerto. “Eso que se ve ahí es cola para coger el coche?”, “Nooo, que va, eso es para……., no se, pedir información?”. Joder con ir a coger tu coche reservado un cuatro de Agosto al mediodía…..Hora y media después, con un calor brutal y un fuerte olor corporal en el ambiente (del resto de los presentes ya que Bernar, Manel y yo todavía desprendíamos la dulce fragancia que nos había acompañado hasta ese momento, apenas perceptible ya, pero todavía duradera….por algo garantizan en su etiqueta veinticuatro horas de máximo confort), llegábamos al mostrador asignado. Un graciosillo, entiéndase con la expresión a un pavo que estaba mas harto que nosotros por alteraciones del karma previas, amenazas varias y por su trabajo a turnos en la compañía, nos atendió con una mezcla de vacile y pase el siguiente. Con el segundo calentón del día y mordiéndonos la lengua no sin un previo “esto es una amenaza?”, le di la tarjeta visa entre lagrimones hasta los mismísimos de la letra pequeña. Nos calzaron sin vaselina el seguro a todo riesgo ante la inasumible contra oferta de dejar 1300€ de depósito por si las moscas. Lamentable. Mientras esto sucedía, hubo uno que alzando la voz pedía voluntarios para rellenar con él una hoja de reclamaciones porque le habían dejado sin coche con la excusa de problemas financieros y otro, con pinta de guiri, aparecía y desaparecía con un sinfín de dudas y preguntas sin resolver. Enseguida que me subí al coche y me puse al volante, Miguel conectó el Ipod y puso ACDC a todo volumen consiguiendo arrancarme una sonrisa y “unmecagüentodoloquesemenea!!!!”. Una vez abandonado Barcelona, paramos a comer. No recuerdo el nombre de la localidad pero si recuerdo la amabilidad y hospitalidad del barecito por el que caímos. Se fueron rápidamente a comprar pan porque se habían quedado sin y en todo momento demostraron estar encantados con que 11 personas hubieran dado con sus huesos por allí a una hora intempestiva. Igualito que por aquí en según que sitios. Bocadillos, postre, cafes, carretera y manta. A medida que nos acercábamos a zona conocida por mi, me pellizcaba continuamente ante tanto cambio. Nuevas carreteras, nuevas circunvalaciones, nuevos accesos. Lo que de crío te parecía inmenso e indestructible, lo veías allí, treinta y tantos años después, minúsculo e indefenso. Bendita perspectiva y agudeza visual que vamos desarrollando y perdiendo con los años. Lleida, Binefar, Monzón, Barbastro, El Grado, Ainsa, Boltaña, Broto y….Torla. Seguíamos con la música de Miguel destrozando las letras que conocíamos, tarareando todas las canciones hasta que, de pronto, empezó a sonar, en directo, Marinero de Fito y la locura invadió el pequeño habitáculo hasta el punto de cantarla a grito pelado, volumen a tope, ventanas abiertas, unos mejor que otros, los cuatro pasajeros de la Kangoo, Miguel, María, Joana y yo, desde el pueblo de Broto hasta que aparcamos el coche enfrente del Hotel Bujaruelo de Torla…., momentazo!!!. Si hasta ese momento, de la organización previa, avión y furgonetas, se había encargado Manel, con una nota altísima respecto a lo primero y una patada en el culo sobre lo segundo, ahora empezaba el momento Aina y su reserva hotelera de primer y último día en el bonito pueblo de Torla. Chapeau!!!, ovación, ola contenida y vuelta al ruedo. Sin más, perfecto. Cena en el hotel, menú de cuatro primeros y cuatro segundos. A título anecdótico, cené un cardo con salsa de almendras, idéntico al que hace mi madre en Nochebuena. Buenísimo. Y tranquilamente, como quien no quiere la cosa nos abrimos tres botellitas de Enate tinto crianza. A la gente le dio por probar sabores ricos de la tierra que un día me vio nacer y de la que me he ido olvidando por mi tierra de acogida, incapaz de recordar tal cantidad de recuerdos y vivencias.

Me costo muchísimo dormir, no se si debido al café que me tome a deshoras y es que uno empieza a tener una edad o a los ronquidos de mi amigo y compañero de habitación. Bahhhh!!!!, seguro que sería por el nerviosismo de la aventura que ya empezaba.

Segundo día. Sonó la diana pronto por la mañana y después del desayuno y de dejar la cuenta pendiente para abonarla a la vuelta, Manel peso una a una las mochilas de los 11 componentes de la cordada. Me lleve el premio gordo, no me dieron nada material, ya no me cabía nada mas,  sino el aliento y el aplauso irónico por tener que cargar nada mas y nada menos  que 18,5 kg. Última llamada a casa antes de quedarse sin cobertura y a empezar la aventura. De camino a la parada del autobús que sube a toda la gente a la pradera de Ordesa (esta prohibido subir con coches particulares los meses de Julio, Agosto, primera quincena de Septiembre, Puente del Pilar y Semana Santa), Libero buscaba sus palos en los coches y no los encontraba. Decidió ir a comprar unos y como los demás ya habíamos sacado los tickets, quedamos que ya nos alcanzarían, él y Manel, camino de la Cola de Caballo. Desde la Pradera de Ordesa hasta la Cola de Caballo poco hay que contar. Puedes imaginar un montón de adjetivos calificativos y describir ese trayecto. Seguro que te quedaras corto. Cruzamos bosques de hayedos, nos desviamos a ver desde los miradores todas las cascadas. A la altura de las Gradas de Soaso nos unimos por primera vez todo el grupo y así llegamos a la Cola de Caballo donde nos sentamos en el césped a comer. Tanto durante la subida como allí a la altura de la cascada parecía el Borne en hora punta. Gente y más gente ascendiendo la pista que te lleva hasta allí. Gente de todo tipo y condición. Mientas comíamos y decidíamos todos, a pesar del peso de las mochilas sobre las espaldas, subir por las clavijas de Soaso y no por el sendero zigzagueante del GR11, Manel, Jaume y yo nos dedicamos a jugar a ver quien aguantaba mas con los pies dentro del agua. Esa dualidad, tio y competición, es la mayor aberración del mundo. Si parecía que al que ganara lo subirían en brazos de tanto ímpetu que poníamos en la contienda. Nos hicimos daño….sin llegar a las manos.

Yo pedí que uno fuera detrás mío por si en algún momento de la ascensión por las clavijas y ayudado de las cadenas,  necesitaba un pequeño empujón mochila arriba. Bernar se presto a ello y fue subiendo el último. Ascendimos rápido y sin ningún tipo de contratiempo, mas que esperar unos segundos que una señora descendiera por los pasos que nosotros utilizábamos para ascender. Accedíamos a la parte alta del Circo de Soaso y ya solo quedaba un trecho mas para acceder al Refugio. Cuando yo sugerí en su día el nombre de este refugio, aparte de la idoneidad del lugar para los ascensos que queríamos hacer, era por ser uno de los míticos de Pirineos y porque ya de jovencito, desde la Cola de Caballo, me imaginaba como debía ser eso de subir a Góriz y pensaba que algún día subiría. Llegamos a Góriz, a 2.160 metros y mientras Bárbara hacía el check in, buen trabajo previo con la reserva y su seguimiento, el grupo de Fiol o de los mallorquines, o sea nosotros, esperábamos ya sin botas con los crocs rosas tumbados en el césped degustando una Ambar de lata fresquita a 3€ la unidad. Explicación de la llave de la taquilla y del número coincidente con el asignado de la cama. Horarios de cena, desayuno, etc. Decidimos cenar a las 20 horas para tener una mesa de 11 para nosotros solos. Yo cogí la llave número 14, el número del gran Johan y a diferencia de él, a mi el numerito en cuestión no me trajo suerte. Tenía que dormir en las literas de abajo (tres pisos de literas), en una fila de seis, entre Manel y Melga. Viva la serenata que nos esperaba a todos, preludio de alguna noche de tormenta. La habitación, aparte de estas 18 camas de 90 cm, tenía enfrente de estas, apenas separada por pocos centímetros, 12 camas más. 30 personas, o lo que fueran, durmiendo en poquísimos metros cuadrados. Descansamos en el césped, comentando batallitas del día y observando a la gente que ya estaba y a la que iba llegando. Parecía que estábamos en una pequeña grada puntuando modelos de montaña temporada verano-otoño. Un escaparate de diversidad multicultural y una pasarela continua. No recuerdo si cayo una segunda cerveza antes de cenar. Nada de cobertura y primeras peleas con la capacidad de las taquillas intentando que toda la mochila te cupiera dentro. Observara mi querido lector (no creo que haya llegado nadie mas que tu hasta aquí), que no he hablado de los baños. No lo voy a hacer en este, nuestro primer día en Góriz. Ya lo haré, habrá tiempo y mierda, mucha mierda para hacerlo. Lo que si comento rápido son dos cosas, una los gritos que pegamos al ducharnos con agua helada en las dos duchas disponibles en el barracón prefabricado al lado del edificio principal. Para mi, toda una experiencia ducharse con agua helada mientras la gente hace cola para pasar por el mismo calvario que tu. Y la segunda es que aparte de las 72 plazas que dispone el establecimiento, se puede acampar en los aledaños desde el atardecer hasta el amanecer. Si contamos a bote pronto, en ese primer día, unas cincuenta tiendas con una media de dos personas por tienda, el cálculo rápido nos da unas cien personas más que están utilizando al mismo tiempo los 6 WC, 2 duchas y 4 lavabos. Una experiencia religiosa. La cena buenísima, macarrones con verduras, ensalada de segundo y por último longaniza con patata y verdura. Mousse de chocolate de postre. Posibilidad incluso de repetir de algunos de los platos. Nueva cola para lavarse los dientes y a las diez en punto en la cama dentro del saco sabana. En la vida te acuestas tan pronto. Ronquidos y más ronquidos, míos imagino, tuyos, de él, de aquel, un concierto continuo de sopranos y aficionados hasta que uno, pudo al fin, conciliar el sueño……..

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Clavijas de Soaso cargados hasta las trancas

 

Tercer día. Nos habíamos preocupado de preguntar mucho y cerciorarnos mas sobre las condiciones climáticas de ese día. Todas coincidían, ese era el día. Día para subir a Monte Perdido a 3.355 m. Era nuestra elección y la de….muchísima gente mas. Menudo trasiego de gente nos acompañaría todo el día. Desayuno, café, bollos, madalenas y cereales para algunos. Curioso que en cada ingesta de alimentos, habiendo ya empezado en la cena del día anterior e incluso la noche de la cena en Torla, allí si con todas las comodidades, el tema de conversación era exclusivamente uno y solo uno. Era fácil saber para los recién llegados de que se estaba hablando ya que la cara de Aina era siempre un poema, malo, de algún poeta peor. Tiene una facilidad innata de imaginarse rápidamente cualquier escena de la que se esta hablando, un don increíble en circunstancias normales pero algo repulsivo en estas. Todo era demasiado escatológico y ahí la tenías cerrando con fuerza los ojos para acto seguido, ver a cualquiera de nosotros sentado en una taza (si tenías suerte ya que había una letrina de las de ponga los pies aquí y disfrute del momento en cuclillas), con los pantalones por las rodillas (prohibidísimo bajarlos hasta los tobillos porque entonces ya los habías perdido para siempre), apretando los dientes y cerrando los puños…..

Nos pusimos en marcha muy pronto, a las 7 ya estábamos ascendiendo las primeras rampas enfrente del refugio. Todos?, todos no, a uno de nosotros de nombre Bernar y apellido no voy a dar mas pistas, le acababa de entrar su apretón mañanero y lógicamente tenía que aprovechar ese momento zen, ese que sientes cuando se presenta por sorpresa pero desconoces cuando volverá a aparecer. Quedamos en vernos por los bares, digo, más arriba y así, en procesión palmaria, en fila de a uno, empezamos lo que de verdad fue una jornada extraordinaria. Creo que es un sin sentido describir el ascenso piedra a piedra, esfuerzo a esfuerzo, momento a momento porque fue un no acabar de sensaciones y vivencias. He de decir que yo, personalmente, la disfrute muchísimo, a mi manera, a mi ritmo, al ritmo que marcan las fotos que quiero hacer (305 de ese día siendo muy exigente con el dedo apretador y evitando que se fuera por las ramas). Una barrita en el campo de bloques y merienda en el lecho del lago helado con unas vistas increíbles a Monte Perdido, a  la Escupidera y a los tres resaltes hasta llegar a ella. Ya en Torla cuando alquilamos crampones y piolets nos dijeron que no hacía falta para esta etapa. Lo mismo nos avanzo el personal de Góriz. Juego de luces con los colores del lago. Tras un miresdondemiressigueshaciendofotos, empezamos la subida de los resaltes para alcanzar la Escupidera. Hay un par de tramos que son como escaleras naturales colgadas sobre unos saltos imponentes a izquierda y derecha. Deben ser muy divertidas heladas en invierno o mojadas un día de lluvia. En cuanto pisas la Escupidera y observas con detenimiento el pedregal en el que se convierte cuando desaparece la nieve, donde apenas se divisa la traza de los que han ascendido previamente, asumes que implicara algo de sufrimiento físico y mental ir ascendiendo por semejante caos de piedrecita suelta. “Un paso adelante y dos hacía atrás”, suena en plan toca pelotas la musiquilla en tus oídos mientras haces ímprobos esfuerzos por mantener el equilibrio ayudado por los palos. A la dureza del ascenso hay que sumarle que en algún tramo de la subida podéis llegar a coincidir mas de una persona, los que te adelantan, los que adelantas tu (los menos) y sobre todo, los que bajan, esquiando sobre las rocas. A medida que vas ascendiendo e intentas captar con tu cámara cualquier movimiento a tu alrededor, vas pensando que la etapa no acabara una vez alcanzada la cima, sino que habrá que bajar por semejante despropósito de caos natural. La llegada a la cima, con su vértice geodésico y su ristra de banderolas, es inenarrable. La sensación que tienes, la emoción que te embarga una vez alcanzado el objetivo y superado el reto es difícil de explicar. Recuerdo haber chocado manos y dado besos con mucha alegría, no solo por mi sino también por todo el grupo. Sentimental que es uno….cuando no sucede nada que le altere. Fotos aquí, allá, individuales, de grupo, las indispensables de tres instantáneas, incluso alguna, a ver si salen, con la Go Pro. Momento único. Como colofón decir que comprobando el teléfono, incrédulo, observo que Orange, la compañía que pago religiosamente para que me de cobertura en sitios más modestos y lógicos, cosa que no siempre ocurre, me sorprende gratamente y me da no solo una, ni dos, sino hasta tres rayas de cobertura para poder llamar a mi mujer y decirle donde estamos, que estamos bien y que lo escriba en el chat grupal para información y tranquilidad de la gente que se ha quedado en sa Roqueta. Momentazo espectacular poder decirle a tu mujer un ”Te quiero” a 3355 metros de altura en la cima del Perdido. En ese momento, el Pepito Grillo del grupo, nuestra voz de la conciencia, el tío mas sensato de todos, y paradójicamente el más preparado físicamente, nuestro querido Manel, da la voz de alarma. “Esta bajando la niebla, vámonos ya” y tras hacer un chasquido con los dedos rápidamente desaparece Escupidera abajo. Mientras la mayor parte del grupo empieza el descenso, yo me quedo rezagado con Miguel, excepcional relaciones públicas del grupo, observándolo en animada charla con una encantadora pareja catalana, Carles y Rosa, haciéndoles posar en un par de fotos. Bajada, mucho mas sencilla de lo imaginado previamente, hasta el Lago Helado. Allí, otra excepcional relaciones públicas, una abre puertas por vocación, nuestra querida Bárbara, había entablado conversación con unos riojanos y allí estaban todos felices y contentos compartiendo momento, viandas y un vinito. Que tendrá la montaña para conseguir semejantes compañeros de viaje (lo digo por los míos, que hay que darles de comer aparte tras quitarles el bozal). Comida en un pequeño mirador con vistas y ahora sí, descenso vertiginoso hasta el Refugio. Dos cosas me apremiaban, una las ganas de llegar y dos y más importante evitar las colas y ducharme sin tener que esperar turno. Cuando yo llegué, Manel salía de la ducha y allí entré yo, sin colas, a pegar los cuatro gritos de rigor. Una Ambar, un brindis por el grandísimo día vivido y a tumbarse en el césped esperando la cena. (Hoy tampoco escribiré nada de los baños. Nada me estropeará el día del ascenso a Monte Perdido). A las 20 horas los 11 en la mesa para degustar unos garbanzos con fideos, ensalada, hamburguesa con pimiento verde asado y crema catalana. A quien se le ocurrió lo de los garbanzos?, quien tuvo tan mala leche?…..otra noche divertida de algunos….por arriba y por abajo. Cuando alguien se levanto maread@ al día siguiente hubo que decirle, no sin mucho cachondeo, que esa sensación no era por el mal de altura.

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Cima de Monte Perdido, 3355 metros

Cuarto día. Este era el día que nos habíamos guardado debajo de la manga para valorarlo en su justa medida sobre la marcha. Nadie sabía a ciencia cierta como nos encontraríamos después del ascenso al Perdido y preferimos decidir que hacer a última hora. La noche anterior, preguntando Bárbara y yo por el tiempo climatológico al personal de Góriz (gente encantadora que nos dieron un trato y servicio muy bueno) nos sugirieron hacer una circular y ascenso a una “modesta” cumbre de 2.779 metros situada justo enfrente del Refugio dirección Ordesa. Nos explicaba que era una de las cumbres con mejores vistas a toda esa cara de los tres miles de la zona. Un balcón mirador espectacular de 360º de vistas increíbles. Manel, que se dedico a estudiar esa noche la ruta en el libro que yo había traído con su luz roja del frontal, nos comentaba durante el desayuno que las cuatro cimas de la montaña hacían una estrella perfecta de cuatro puntas. Si a todas esas razones le añadíamos que a partir del mediodía se esperaban lluvias, la elección de la ruta parecía obvia. Para no privar a Manel de la autoría de la decisión, medio insistí en subir un tres mil, el Punta de las Olas. María se sumo a mi propuesta y ambos dos hicimos un poquito de ruido al respecto asumiendo, al menos yo, que lo de Punta Tobacor tenía una pinta cojonuda. Ese día dormimos un poco mas y nos levantamos a eso de las 7 y media. Desayunamos y nos pusimos en marcha. Ese día Klaus decidió no acompañarnos y guardar fuerzas para la etapa del viernes que se presentaba complicada no solo por la distancia y el desnivel de esta sino también por la climatología y los kilómetros que ya acumulábamos en nuestras piernas. El primer tramo de la jornada transcurría por el mismo trayecto que pisaríamos al día siguiente. Salida de Góriz dirección al cuello de Millaris. Un par de fotos de una marmota, de un sarrio y de una cantidad excesiva de paisajes espectaculares. Un pequeño rifirrafe con una francesa de mediana edad que ni subía ni bajaba y poco menos que se quejaba de todos los males del mundo mundial. Merendando, empezando a ascender a la primera cumbre, protegidos del frío viento tras un par de rocas inmensas, empiezo a darme cuenta que eso de dormir solo con el pantalón corto no ha sido una idea muy brillante y a parte de los estornudos y los once “Jesus” en distintos idiomas que suenan después de cada uno de ellos, empiezo a sentir un malestar general que me retrasa a la cola del grupo la mayor parte del recorrido. La excursión del día es espectacular. Como nos habían anunciado, las vistas hacía delante, hacía atrás, a izquierda y derecha son increíbles. Cuando alcanzamos la altura necesaria, pudimos hacer unas fotos muy nítidas de la Brecha de Roland desde la parte aragonesa, cosa que sería imposible al día siguiente. El día transcurrió sin sobresaltos ni aspectos reseñables. Llegamos a Góriz después de haber disfrutado de una jornada completa. Tras lavar un par de calcetines para los días siguientes, ocurrió uno de esos momentos que guardas posteriormente en tus retinas y del que hablaremos largo y tendido. Bernar tuvo una feliz ocurrencia “…y si en vez de ducharnos en las duchas nos vamos a la poza que hay ahí al lado del sendero donde baja el torrente?”…..dicho y hecho, yo pensé “de perdidos al río, o me curo o reviento”, Miguel no se que pensó pero se vino y Manel ya duchado dijo que se venía con nosotros, que no se nos podía dejar solos. Llegamos a la poza, agua limpia, transparente, un lugar idílico. Bernar fue el primero en entrar. Se despelotó y allí que se metió. Se le oía decir cosas inaudibles e inentendibles ya con el agua a la altura de la cintura. Miguel fue el siguiente con sus calzoncillos rojos y rápidamente, o no tanto, me quite la ropa y me metí yo. Joder con el agua de la poza!!!….ahí estábamos tres pollos sin poder articular palabra con el agua rozando los ombligos. Miguel fue el primero en hacer dos zambullidas integrales, de arriba abajo, flexionando las rodillas y tocando el suelo con el culo mientras Bernar y yo nos alejábamos en lo posible de las salpicaduras al grito, siiiiiii, al grito imitación genuina de los Blauets de Lluc de “No esquitessssssssss”. Bernar fue el siguiente y yo el último. Bañito integral en un gorg del torrente a escasos doscientos metros del Refugio, solos, completamente solos mientras la cola oficial de las duchas seguía aumentando. Solos, he dicho?….bueno, solos, solos, como que no….lo estábamos hasta que un grupo de franceses y francesas…de la tercera edad o muy, muy cercana, eligieron pasar a escasos metros nuestro desde una posición elevada y ahí nos tuvieron, mas rato de lo conveniente dentro de agua helada. A algunas les debió gustar lo que vieron, no tanto por nosotros sino por el hecho en si de ver a gente en la poza y eligieron una unos cuantos metros más abajo para imitarnos y pegarse un bañito helador y reparador. Tras disfrutar de un rato interminable, ya vestidos con ropa limpia y seca, de ese momento único y sobre todo silencioso volvimos al refugio a por nuestra merecida Ambar de turno y a contar la aventura torrentera. Ese día volvíamos a cenar en el segundo turno, el de las 20 horas. La idea era salir el viernes a primera hora hacía el Refugio de Serradets para evitar lo que se nos venía encima, un 55% de posibilidad de lluvia durante toda la mañana y un 92% de probabilidad de lluvia y tormenta a partir del mediodía. Entraba un temporal importante y teníamos todas las papeletas para que nos cayera encima. Esa noche solo tres personas, Aina, Joana y yo, aparecimos en el selfie de rigor, el que se hacía todas las noches como algo fijo, norma del grupo por arte y magia o gracia de la artífice principal, Joana. Si hasta esa noche había instantáneas gloriosas….a partir de ahí, la que vendría el sábado concretamente, entraría en otra dimensión.

Siendo esta la última noche en Góriz y aún sintiéndolo en el alma por esos estómagos delicados vuestros, no podía abandonar el lugar sin hacer mención al 75% de los comentarios del viaje…..”mierda de viaje” se oía decir por ahí haciendo mención a esa palabra mágica…….usada continuamente en cualquier momento, principalmente en las horas de comida……”mierda”. Alguien hacía un comentario al respecto y mientras todos se morían de risa, Aina se imaginaba la escena y una mezcla de estupor y asco se dibujaba en su cara. Ya he escrito con anterioridad que todo lo bueno que tiene el trato y servicio de la gente del refugio lo tienen en lamentable y precarias las instalaciones, principalmente por la saturación incontrolada de gente. Lo de entrar en uno de esos baños es un acto de fortaleza mental, necesidad sobrehumana y poco apego a la vida. Yo tuve la grandísima suerte de tener un trancazo importante y mis fosas nasales se cerraron a cal y a canto, con lo que me evite pasar de nuevo por el asqueroso trago del primer día. Entendiendo que el papel usado para limpiarse no puede tirarse por el WC por las razones que sean y que tienes que depositarlo en una papelera, lo de colgar esta a la altura de la cara, de una persona de una estatura normal, es de juzgado de guardia. Si lo del día es inhumano, lo de entrar en ese habitáculo a las 6 y media de la mañana, con los ojos medio cerrados, dormido todavía, tratando de observar un amanecer rojizo mientras hueles las frescas flores silvestres impregnadas por el rocío de esas horas tempranas, es de las peores experiencias que se puede encontrar uno en una existencia rutinaria. El olor es nauseabundo y las arcadas traicioneras aparecen casi sin avisar. A partir de ahí se trata de hacer lo que toca, cuando toca, donde toca y salir a la mayor brevedad posible. Una carrera de obstáculos olor a mierda. Respecto a lo de la letrina con el agujero en el suelo no me voy a explayar por motivos obvios. Se trata de acertar tanto en la posición de los pies como tener claro en todo momento donde esta el centro del agujero. Un drama profundo, costumbrismo de Galdós y Buñuel, redactado y convertido en película, con una exagerada sensación de surrealismo. Mientras apretabas haciendo equilibrios con tu cuerpo para no tener un disgusto mayor, te venía a la mente esa frase ingeniosa de “ponga un…..agujero en su vida”. Y siendo todo tan real como la vida misma, pasamos en la ficción escrita igual que en la realidad vivida de hablar de cosas escatológicas a describir la cena del día…..

Cena de la última noche, lentejas, ensalada, carne con patata al horno (detallazo del cocinero de Góriz que nos cocino la carne a diferencia del resto de comensales para no repetir longaniza como el primer día) y una mousse rara de limón o parecido.

Durante la noche cayo una buena tormenta, agua, rayos y truenos, por este orden. Desde la seguridad, que no comodidad, de nuestro colchón individual en el refugio, observabas la luminosidad de la noche cerrada mas allá de los cristales y el ruido ensordecedor de una tormenta en su máximo apogeo. Mas de uno pensó que esa era la tormenta que ya no nos afectaría en nuestra travesía mientras se respiraba el nerviosismo de otros y el sigo durmiendo de alguno. Creo que esa fue la noche que mejor dormimos, sino todos la mayoría, en el Refugio de Góriz y es que el cansancio por los días acumulados se empezaba a notar.

Cierro ya el tema Góriz con una anécdota divertidísima y es que esa misma tarde cuando todos estábamos tumbados en el césped descansando de la excursión del día, Libero se levanto y a grito pelado nos decía que había visto a Rambo. Para los que no nos acompañaron en nuestro viaje del año anterior al Valle de Aran, explicaros que este Rambo al que se refería divertido Libero, era un hombre alto y fuerte, con un machete inmenso colgado del cinturón, con una mochila militar de hacía infinidad de años y que coincidió con nosotros en el Refugio de Conangles un año antes. Lo recordábamos bien porque nuestro guionista favorito, Bernar, se monto sobre la marcha una película de drama familiar aderezada con toques de Los Apeninos a Los Andes en plan hijo busca padre y…….el padre pasa de él. Que risas echamos en ese momento y como nos reímos cuando lo vimos. Casualidades tiene la vida y situaciones curiosas como aquella. Tanto Libero que fue a hablar con él como Miguel que se fotografió con nuestro conocido sueco pueden dar buena prueba de ello.

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Subiendo a Punta Tobacor, marcando orgullosos la proeza del día anterior……

 

Quinto día. A las 6 y media estábamos desayunando y acabando de cerrar las mochilas. Volvíamos de nuevo al peso del primer día, a volver a cargar todas nuestras pertenencias. Sinceramente no las tenía todas conmigo. A mi malestar general se le sumaba un tiempo demasiado desapacible con unas nubes negras amenazando lluvia en cualquier momento. Sin nada que destacar fuera de lo normal llegamos rápido al Cuello de Millaris y nos dispusimos a buscar el sendero que bordea una olla impresionante, ganando altura poco a poco dirección a la Gruta helada de Casteret. Poco antes de parar a merendar, en un mal movimiento, se me partió uno de mis palos e imagino que mi cara sería un poema. Solo pensar en lo que me quedaba por andar habiendo perdido uno de los apoyos, para mi, fundamentales, hizo que entrara en un estado semi catatónico y en un desespero importante. Intente que se me fuera pasando mientras, ahora si, me abrigaba en condiciones y por primera vez en toda la semana me ponía pantalones largos. Si por algún momento pensé en dejarme llevar tranquilamente, la montaña te pone enseguida en tu sitio y te obliga inmisericordemente a prestar toda tu atención y poner los cuarenta y dos sentidos en lo que estas haciendo. De pronto, las fitas te dirigían hacía tres direcciones distintas. Unas hacía abajo, muy abajo, prácticamente destrepabas todo lo subido y perdías demasiada altura. Las segundas iban por la parte alta del resalte que teníamos enfrente, justo debajo de las paredes verticales de la montaña. Las terceras te llevaban con una pequeña trepada por el centro del resalte y Manel, que abría camino pensó que era el camino correcto. Rápidamente llego a un pequeño resalte que había que destrepar para alcanzar el nevero pisado con su sendero abierto que se veía allí más abajo. El problema surgía cuando este destrepe tenía una altura intimidatoria y el patio debajo era bastante acusado. El tramo no revestía demasiada dificultad, a priori, pero era muy expuesto. Tras revisarlo varios de nosotros, optamos por seguir ascendiendo por ese lado en el que nos encontrábamos para ir a buscar la parte alta del resalte y superar los neveros por la vertical de la pared. Manel salió de avanzadilla para ver la posibilidad de superarlo por ese lado. Tras él fuimos ascendiendo todos nosotros. Enseguida llegamos a una roca que nos cortaba el paso y que había que superar por nuestra izquierda. Apenas era un metro, un paso y poco mas, pero era por encima de una delgada cornisa y una buena caída debajo nuestro. Superado este tramo, María que iba delante de mí empezó a subir, por un caos de piedrecilla suelta, diagonal derecha mientras yo lo hacía diagonal izquierda tirando hacia el medio. La idea era encontrar el acceso mas factible para todo el mundo. Rápidamente me di cuenta que la zona de subida mas accesible era justamente la que yo no había elegido y con mi mano iba indicando a los que me veían que subieran arrimados a la pared. Yo estaba encima de dos piedras inmensas, sueltas ambas, que amenazaban con llevarme consigo como si fueran una tabla de surf. Pensaba para mis adentros mantener la posición hasta que todo el mundo hubiera superado el resalte y no quedara nadie en la perpendicular de mi posición. Un sudor frío me empañaba la frente mientras hacía esfuerzos por mantener la compostura. Ya veía a mi izquierda a casi todo el mundo pegados a la pared lateral cuando de pronto, miro hacía abajo y veo a Joana justo debajo mío, todavía no había podido salir de esa posición. Yo, desde arriba, con la mejor de mis sonrisas que era capaz de forzar en esas circunstancias, le digo sereno, pausado, reposado “sal de ahí, ya” asumiendo la dificultad de su próximo movimiento ya que su trepada diagonal derecha era sobre una superficie de tierra y piedrecilla suelta, resbaladiza y sin agarres. Creo que existe una foto de Miguel, que todavía no he visto, inmortalizando el momento Aina unos metros mas hacía la derecha de lo que estoy describiendo con todo el patio debajo de su cuerpo. Cuando Joana salió de mi vertical y zona conflictiva, me gire sobre mi mismo, me agarre con una mano a un resalte extendido y levante el pie derecho…….la vi rodar unos segundos y enseguida la perdí de vista. A partir de allí, un juego de rocas colocadas de mala manera hizo que tuviéramos que hacer de contorsionistas para superarlas. Desde la posición mas alta, con un agarre de muñecas fuimos subiendo uno a uno. Unos minutos de descanso para reposar el subidón de adrenalina en la entrada, cerrada por una verja de punta a punta, de la Gruta helada de Casteret y un último esfuerzo para superar un pequeño salto para volver a la senda una vez superado el nevero por su parte mas alta. Exquisita la técnica de Miguel para poner su muslo como punto de apoyo a modo de escalera para que la gente se fuera descolgando. Desde un mirador impresionante del trecho que acabábamos de realizar, comentarios, batallitas, fotos y respiraciones profundas. El tiempo empeoraba por momentos, mucho frío y una niebla cada vez mas espesa que con su manto lo cubría todo. Afortunadamente no llovía. Llegamos a buen ritmo al Paso de los Sarrios. El Paso es una travesía pegada a la pared con buenos apoyos para los pies y una cadena reforzada a modo de pasamanos y quitamiedos. Salva un importante desnivel. Lo hicimos relativamente rápidos teniendo en cuenta la problemática que implica que un grupo numeroso de 11 personas tenga que hacer cualquier tipo de paso más o menos comprometido. De hecho, la parte mas conflictiva no es el Paso en si, sino una vez desaparecen las cadenas y tienes un pequeño destrepe de unos tres metros en travesía diagonal, los pocos agarres y la piedra suelta dificultan sobremanera el destrepe hasta el sendero. Justo en ese último tramo, un par de montañeros muy experimentados ayudaron con sus indicaciones a los últimos a descender ese trozo. Sin darnos prácticamente cuenta, por la distancia y por la escasa visibilidad, nos situamos enseguida debajo de las dos paredes verticales que forman la Brecha de Roland. Lástima que desde la parte aragonesa apenas se acertaran a divisar. La emoción del momento queda empañada por la primera sensación física al atravesar la Brecha y es que un frío intenso debido a las fuertes rachas de viento helador apenas te deja ver a tu alrededor. Una vez superado ese momento, basta descender unos pocos metros por las rocas para llegar a un pequeño descansillo antes del nevero y poder disfrutar de todo lo que se presenta delante de tus ojos. Es una visión brutal todo lo que abarca tu radio de acción. Mientras buscábamos una piedra medianamente cómoda para sentarnos y colocarnos los crampones, mantuvimos una pequeña charla con un matrimonio de mediana edad que textualmente nos indico que Góriz era un “Palau” comparado con Serradets. La cara que se nos quedó a los que escuchamos el comentario debió ser como cuando convencido lanzas un órdago a la chica, la gente va y quedas con el culo al aire. Joder, con las comodidades del siglo XXI por esas alturas, pensamos la mayoría. El momento crampón fue glorioso. Fue el merecido disfrute a un día largo y complicado. Yo estaba en pleno apogeo del trancazo pirenaico y hubo momentos de buscar una brizna de aire hasta debajo de las costillas porque no me entraba nada. Cuando todos llegamos al primer tramo mas o menos llano, después de la bajada por el nevero, siguiendo la senda trazada por las botas herradas de montañeros que habrían pasado previamente, Bernar, en su afán de no perder la apuesta cruzada conmigo dijo que no hacían falta y yo que si. Al rescate acudieron raudos Manel y María diciendo el primero que muy aconsejables y la segunda, en su caso, que indispensables. Por este lado de la Brecha, la parte francesa, no había niebla y esta se alzaba majestuosa por encima de nuestras cabezas. Hago un copia pega de la página Pirineos.com para ilustraros con la leyenda de la Brecha que me cansé de relataros durante los días previos y sucesivos.

Cuenta la leyenda que el famoso Roland, llamado así porque al nacer, cayó rodando al suelo (rouland), era hijo de la princesa Berta, hermana de Carlomagno y del duque de Angers. Roland vivió su infancia en parajes de Italia y Francia, en contacto con la Naturaleza. Pasados los años, se convirtió en uno de los más famosos caballeros de la época, por su destreza, su porte arrogante y su extraordinaria bravura. Con su tío Carlomagno, marchó un día al histórico combate que había de dar lugar a la derrota de Roncesvalles, en la que el emperador, viendo próxima la derrota y su ejército desvencijado, huyó por los montes. Roland, como un cadáver más, quedó allí, abandonado y herido, sepultado por el cuerpo inerte de su caballo. Cuando volvió en sí, y comprendió su precaria situación, se levantó con un sobrehumano esfuerzo apartando a su montura con ayuda de su poderosa espada Durandarte, y apoyándose sobre una roca. Dicen que todavía pueden verse las huellas de sus dedos sobre la piedra, como testimonio de su descomunal fortaleza.

Roland contempló unos momentos el terrible panorama y trató de orientarse para buscar el camino a Francia; pero tuvo que hacerlo con cautela, porque el enemigo estaba al acecho. Después de dos días y dos noches, de grandes penalidades, trepando y escondiéndose entre los riscos, Roland consiguió llegar hasta el valle de Ordesa.

 Una vez allí, sólo tenía que trepar por las empinadas montañas que cerraban el valle. Pero el enemigo estaba cerca; ya podía escuchar el rumor de las tropas que lo perseguían, y notar el aliento de los perros que olfateaban su rastro. No obstante al ver que la noche se acercaba, hizo un esfuerzo más y logró llegar ante el último repecho de la montaña.

Cuando ya estaba a punto de lograrlo apareció la jauría de perros que le habían estado rastreando. Con su espada Durandarte logró darles muerte sin problemas, pero sus fuerzas se debilitaron aún más. Miró hacia abajo y vio las tropas que con paso rápido ya lo habían localizado y se dirigían a por él. Comprendió que no podría hacer frente a la tropa que le perseguía y realizando un último alarde, lanzó su espada Durandarte al otro lado de la montaña, para hacer llegar un último saludo de despedida de su patria; pero no lo logró y la espada resbaló por la ladera de nuevo hasta sus manos.

Hasta tres veces lo intentó, pero con el mismo resultado. Sabiéndose muerto, con un esfuerzo sobrehumano, Roland lanzó su espada por última vez, con tal violencia que la espada golpeó la montaña y la partió, dejando una brecha abierta. Así Roland pudo ver por última vez su país.

Sus perseguidores lo encontraron muerto en este histórico lugar hoy dentro del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y conocido desde entonces como la Brecha de Roland.

Comimos a escasos doscientos y algo metros de desnivel sobre la vertical del Refugio de Serradets o de la Brecha de Roland con unas vistas espectaculares. Como he escrito con anterioridad, en Francia el cielo estaba muy despejado y ante nuestros ojos se alzaban orgullosos un sinfín de picos y crestas de mas de tres mil metros y la brutal cascada de Gavarnie. Tras un descenso vertiginoso por un pedrero descomunal llegamos al refugio y aquí le toco a Aina, la que había reservado la estancia, hacer los honores y anunciar la llegada del grupo. Como hasta las 17 horas no abrían las habitaciones, nos conformamos con ponernos las crocs francesas, esta vez de color blanco y esperar a que el sudor se evaporara con la brisa y limpiarnos con toallitas antes de cambiarnos y ponernos ropa limpia. Elemental querido lector, la ducha brillaba por su ausencia. Mientras unos, Jaume, Manel y Miguel bajaron sendero abajo hasta obtener mejor vista de la cascada y otros, el resto, entraron en el comedor del refugio para hacer mas llevadera la espera, yo me quede medio hipnotizado, medio embobado (por la emoción y los medicamentos tomados) sentado encima de un tablero de madera con las piernas extendidas apoyando la espalda en una esquina del refugio, con una visión de 180º de una de las imágenes cambiantes mas bonita que he observado en mi vida. Por un lado, toda la visión, despejadísima, hasta la Brecha, observando gente subiendo y bajando por los neveros y la zona pedregosa. Por otro lado, la espectacular cascada de Gavarnie, alimentada por metros y metros de saltos de agua hasta donde se pierde la vista y se confunde con la cresta de las cimas. Sencillamente brutal. No recuerdo exactamente el tiempo transcurrido pero juraría que el tiempo se paró y paso delante de mi un millón de veces. Abrigado como nunca lo había estado en el viaje, disfrute en soledad un par de horas largas. Previamente y por segunda vez en el viaje, el capricho del destino me sorprendió de nuevo otorgándome cobertura y pude hablar por segunda vez desde el martes por la mañana con mi mujer. Imagino que también será caprichosa la factura del roaming. Tras ese rato de tranquilidad infinita, solo roto momentáneamente por la risa escandalosa de María observando como un grupo iba cayendo uno tras otro en la huella del sendero dentro del nevero, me importaba poco o nada lo que me iba a encontrar dentro del refugio del que apenas había traspasado la puerta de entrada. Cuando abrieron las habitaciones y fuimos a elegir nuestros aposentos, nos encontramos con una habitación muy pequeña, inferior en metros cuadrados a la de Góriz donde, oh sorpresa, en dos ristras de literas de 3 x 5 cabían las mismas 30 personas. Me volvió a tocar al lado de Manel y eché de menos a Miguel, que prefirió irse a las de abajo, por eso de mas vale malo conocido que peor por conocer, porque Jaume tenía pinta, como así fue, de que el refrán se cumpliera a rajatabla. Menos mal que a la mañana siguiente, Libero me daba la razón hablando de las bondades respiratorias de Klaus y…Jaume que los tenía a cada lado de su colchón. Cena de 12, en este caso Reverté se sumo a nuestra mesa y sin saber a ciencia cierta de que pie calzaba, confundidos especialmente por esos ojos saltones debajo de esas gafitas redondas, tuvimos como en viajes anteriores el momento Begoño o el de “Fer, te pongo mas ensalada?”….un clásico en nuestros viajes peninsulares. Sopa de lentejas, ensalada de lentejas y tomate y cus-cus de cordero y verduras. Jarra de vino y créanme que no recuerdo el postre……..La tormenta que llevábamos todo el día esperando empezaba a hacer acto de presencia. Lluvia, relámpagos y truenos. Por la noche nieve. A las 20 horas en la cama, lo nunca visto. Selfie glorioso, multitudinario, de todos los que estaban debajo de Manel y mío y de los que yo me había comido anteriormente. Tranquilos, tras el selfie los regurgite y los digerí con arte y sosiego…..pero quien coño hizo semejante fotaza??? (un matrimonio catalán con dos hijos que gustosamente cambiaron las literas de la parte de abajo por las de arriba a las chicas y a Melga. Bernar quedó abandonado a su suerte en la esquina superior izquierda en un zulo de proporciones miserables). Tras un horita larga escuchando con los cascos música de la mía, alguno ya juraba y perjuraba que la escuchaba roncando, conseguí conciliar el sueño hasta que no se a que hora, abrí un ojo y observé que un alma caritativa había abierto la ventana para evitar que 30 personas, se ahogaran cocinadas en su propio jugo.

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Miguel y Aina detrás mío, en el Paso de los Sarrios

 

Sexto día. Desayuno, foto de grupo a 5º centígrados y muy abrigados empezamos la última etapa del viaje con destino a Torla. Glaciar del Taillón, un Paso con cadenas para superar la pequeña cascada de un agua que baja con fuerza y sin tiempo para admirar todo lo que se abre ante nuestros ojos, vamos perdiendo metros a una velocidad inusitada. Momento vintage con la aparición de un padre y sus hijos pequeños, la niña con falda, en plan película años 60 y merienda con el picnic francés antes de llegar al Puerto de Bujaruelo. Seguimos en frenético descenso el GR11 hasta que un par de kilómetros antes de llegar a San Nicolás de Bujaruelo, María, digo Bernar encuentra un mapa perdido con su correspondiente forro plastificado con cinta para anudar al cuello. Todo un descubrimiento, parecía un niño con zapatos nuevos. Llegada al refugio de Bujaruelo y foto de grupo en el puente. Previamente algún@s habían hablado y acordado pedir un taxi en el refugio para ahorrarse los últimos 10 kilómetros de GR11 hasta Torla. También se había hablado de comer en el refugio y tomarnos con tranquilidad el último tramo pendiente. Al final, tras una primera ronda de jarras de cerveza de medio litro y tortilla de distintos sabores de tapas, Aina, Joana y Bárbara decidieron acabar su viaje a dos patas y pidieron un taxi para bajar a Torla. Los demás, incluida María, físicamente a tope tras sus sesiones de duro gimnasio, decidimos acabar como correspondía lo que habíamos empezado, previo llenado de reservas comiendo en el refugio. Maria y sus bravas, Manel y Jaume con su hamburguesa para dos y medio por barba y los demás con nuestros huevos fritos con patatas y longaniza, chorizo o jamón dependiendo gustos y nacionalidades disfrutamos de un momento místico en la terraza del refugio. Todo eso bañado con una segunda ronda de medio litro de cerveza, café y patxaran con hielo. Los primeros x kilómetros de la vuelta a Torla fueron gloriosos. Unos saltaban, otros corrían y el que tu y yo sabemos se abrazaba a cada árbol que veía. Todo era maravilloso hasta que….la dosis extrema de dopaje en vena fue disminuyendo hasta desaparecer del todo. Para no variar y siendo cómplices de comportamientos habituales, evitamos sin saberlo, una pista llana y ancha para subir y bajar por un sendero que se las traía colgado sobre el río acabando de destrozar al personal mas pintado. Puente de los Navarros y Torla allí a lo lejos, al alcance de nuestras manos, de nuestros dedos….hasta que descubres que una última cuesta, brutal, superlativa, inhumana te deja sin aliento a escasos metros del hotel Bujaruelo. Llegada, besos, abrazos, brindis y demás parafernalia….., ducha de agua caliente y un WC en condiciones!!!.

Paseo por el pueblo, otro brindis en un bar y ya por fin todos juntos, en una amplia terraza, nos abrimos cuatro botellitas de vino, de Somontano, para celebrar la contienda y empezar a preparar nuevas historias. Cena en el hotel, milhojas de verduras y un chuletón encargado previamente. Seguimos como el primer día con el Enate crianza. Bombardeo de fotos a través de los distintos grupos de chat entre nuestra mesa y la que a esa hora cenaba en Sa Rapita, de los compañeros que habían ido de excursión a Cabrera. Café en el bar y copa fuera, una, dos, tres…..y como las cosas demasiado preparadas no suelen salir como esperas, quien más quien menos estaba realmente cansado y el listón de Vielha estaba muy alto….la noche se apagó rápidamente y desaparecimos por donde habíamos venido a una velocidad directamente proporcional a la mierda de música que nos puso el pavo del Arco Iris, a pesar de múltiples ruegos y peticiones.

A partir de ahí, un colchón en condiciones, un sueño reparador, desayuno, salida de Torla, 350 kilómetros de carretera, comida de menú en Almacelles, media horita de avión, diez de la noche en casa, besos y abrazos a mi mujer……despertador a las 7…..puto lunes….a trabajar.

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Foto de grupo poco antes de partir del Refugio de Serradets o de la Brecha de Roland a 5º centigrados…..

7 comentarios sobre “Pirineos 2014. La crónica………..

  1. Y dicen que el señor de los anillos es largo… Por lo que veo alguien se ha pasado mas tiempo escribiendo que andando. Bueno, yo iré leyendo y mirando fotos en mis ratos libres y la semana que viene ya expresaré mi opinión.

  2. Enhorabuena Fernando por la crónica que acabo de leer. Tiene mucho mérito y mucho esfuerzo plasmar en palabras las experiencias y sensaciones de las que fuisteis protagonistas en el Monte Perdido. Es importante, creo, describir situaciones y anécdotas ahora , porque dentro de unos años , cuando volvamos a releer estas mismas líneas seguro que esbozareis una sonrisa recordando aquellos momentos.
    Felicidades por la crónica y las fotos

  3. Buena crónica, las experiencias que compartimos nos hacen crecer como personas y apreciar lo que tenemos, un placer compartir con amigos este tipo de experiencias ya que te ayuda a conocerlos mejor y a conocer también tus limites y los miedos que siempre te acompañan
    Las fotos estupendas aunque se que dentro de unos días aun me parecerán mas espectaculares

  4. Jaume, te puedo asegurar sin ningún tipo de duda que en esta ocasión hemos andado bastante mas que en otras ocasiones y además durante cinco días seguidos…..lo de escribir, también te aseguro que ha llevado su tiempo, jajaja. Espero que cuando te lo hayas leído de tirón o por capítulos y hayas ojeado las fotos vuelvas por aquí a dar tu opinión…….
    Gracias Paulino, la verdad es que disfrute escribiéndola y me lo he pasado bien leyéndola. Digamos que es una forma de evitar que dentro de unos meses hayamos olvidado la letra pequeña y el contenido y solo recordemos el envoltorio………Lo de la sonrisa esta asegurado y si esta María por ahí, aparte de sonrisa, será risa a carcajadas y muy, muy contagiosa.
    Miguel, totalmente de acuerdo con tu comentario….aunque a alguno preferiría conocerlo un poco menos…..y a mi un poco mas jajajaja

  5. Lo prometo, me la he leído enterita!! Muy buena! Pero tengo que deciros a todos que este año me habéis decepcionado…… A diferencia de otros viajes, en este os he visto muy conjuntados… Así no tiene gracias! Bueno, de momento siguen sin entrarme ganas de unirme a estas aventuras… Igual el detalle tan exhaustivo de los baños, agujeros, duchas y olores tienen algo que ver… Ahora en serio.. Impresionante el paisaje y mi enhorabuena a todos, sois unos cracks!!

  6. muy buena la cronica y realmente b ien descritos los momentos. aunque a priori parece larga, a medida que vas leyendo te vas adentrando en las distintas situaciones vividas. la verdad es que estoy delante del ordenador y de repente sonrio, de repente estoy serio, y asi todo el rato. una cosa, los crampones no hubieran sido necesarios (excepto para maria y para mi abuela) pero al tenerlos, fue mucho mas comodo ademas de la experiencia. Aun asi, y porque soy hombre de cero discusiones, muy gustosamente te invito a la proxima jarra de ceerveza que nos zampemos!!! todavia huelo al sumidero de los baños….. lo peor del viaje. ahora bien, es un peaje que estoy dispuesto a pagar…. igual que tu cerveza, jajajajaja

  7. Al igual que en la crónica de Melga comentaré por galerías y al final de todas (y si algún día leo la crónica, je, je!) haré un comentario global. Intentaré resistirme a hacer algún comentario al respeto de la vestimenta de algun@ vestid@ para asistir a la función del Circo de Cotacuero mientras el resto les observan desde las Gradas de Soaso.
    De la galería ‘Llegada a Torla y subida a Goriz…’ el árbol de la foto 24 con el juego de luz y color es maravilloso, la número 35 también tiene su magia con el contraluz y la nebulosa del agua de la cascada.

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