Puesta de Sol en sa Foradada

Puesta de Sol en sa Foradada

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Por segunda vez consecutiva, como si hubiera venido para quedarse definitivamente y convertirse en uno de los referentes de nuestro verano mallorquín, se consolida la salida semanal de los jueves a captar instantáneas, varias, de puestas de sol en distintos sitios de nuestras escarpadas costas. Donde Andreu pone el ojo y marca la cruz allí que nos dirigimos al galope, al trote…o cada uno como puede, arramblando con todos los malos rollos allí por donde pasamos. Lo que originalmente se constituyó como el Club de los Palomos Cojos por evidentes motivos, tuvo ayer su primer cambio constitucional y por arte de birlibirloque, hemos pasado a ser el Club del Palomar, donde tiene cabida cualquier tipo de ave, pollos, pollas, gallinas, gallitos, ocas, codornices, halcones peregrinos…en resumen, cualquiera que tenga, ponga o le gusten los huevos.

Yo me presente en el lugar de quedada con mi aventurera favorita, mi mujer, a la que había convencido, no se como, con un par de mentiras piadosas, del tipo no hay que andar prácticamente nada, te podrás bañar, cuatro fotos y nos vamos…..Como venía con abarcas, le sugerí que aunque fuera a andar muy poco y prácticamente todo en llano, era mejor que cogiera unas zapatillas por la tierra de la pista. Allí nos esperaba Miguel y enseguida llegaron Bernar y Andreu. Todos ellos socios fundadores del Club de los Palomos….por razones obvias. Esperamos cinco minutos más a que llegara Gaby y nos fuimos hacía Son Marroig. Tras un par de “no corras tanto” “cuidado esa curva” y Miguel animando el cotarro diciéndole “no sabes Lluisa, el miedo que pasamos con él cada sábado en el coche”, llegamos al parking de Son Marroig. Al mismo tiempo aparcaban Manel y Marian y su “igual vamos, igual no, puede que si, puede que no, por si acaso nos llevamos nuestra propia comida, no sea que….o si”. Recordando viejos tiempos, muy viejos para algunos, disfrutamos de un pequeño botellón mientras esperábamos a Paulino, compañía y su tortilla. Un par de fotos para inmortalizar el momento subidón aunque muy a pesar de la insistencia de Andreu, Bernar no puso música. En cuanto llego Paulino, su amigo Julián y Monika (que hizo de carabina) empezamos el descenso hacia los miradores por la pista que baja a sa Foradada. Rápidamente la gente se estiro bastante en la bajada, estaban los que tenían entre ceja y ceja bajar hasta la cala, los que no sabían no contestaban, los que íbamos a colocar los trípodes en el Mirador del Rol.lo Gros y los de un barco, debajo de sa Foradada, que amenazaban con estropearnos la puesta de sol. Una vez llegados al mirador, ocurrió la primera y única escisión del día. Miguel, Andreu, Bernar y yo, subimos los trastos y nos preparamos para disfrutar de la perspectiva desde esa posición la siguiente hora y…. Los demás, incluida mi mujer, que ya a esa hora de la tarde estaba desconocida y desbocada, “yo bajo a la cala, yo me quiero bañar, yo sigo el descenso, yo, yo, yooooooo”, siguieron la pista en descenso con la intención de bañarse en alguna de las dos calas. Lo que aconteció en ese mirador, en la siguiente hora y media larga, antes de la puesta, durante y después de la puesta, hasta que subieron los otros siete a cenar con nosotros, no puede contarse gráficamente porque estamos en horario infantil y todos sabemos que lo que ocurre en el Mirador del Rul.lo Gros queda en el Mirador del Rul.lo Gros. Solo haré mención y porque me lo estáis pidiendo, a un par de sucesos inexplicables e insólitos. Bernar, complaciente y buen anfitrión, se puso a untar pan con tomate para tener preparado el tinglado cuando la gente subiera a cenar. Los demás, hacíamos fotos, bebíamos cerveza (Andreu también echo mano a la litrona como se puede observar en una fotografía) y comíamos patatilla. Bernar abrió el envoltorio que cuidadosamente protegía esa maravilla de queso mahones curado al cava. Debido a las pequeñas migas de pan moreno, las escamas de sal al vino tinto y algún gajo despedazado del queso en cuestión desperdigado por el suelo, fueron apareciendo, sin darnos cuenta, sigilosas y en un número infinito, un hervidero de pequeñas hormigas que rápidamente se hicieron dueñas de la parte norte del suelo del Mirador. En ese momento uno de nosotros, o dos, no lo recuerdo, estábamos haciendo fotos encima de la zona en cuestión. Los pies, las piernas, parte de…sintieron al unísono la presencia molesta de las hormigas y empezamos a dar saltos, gritando, para quitárnoslas de encima, justo en el preciso instante que alguien, en su afán inquisidor, en su curiosidad insana había pensado para sus adentros “donde estará en esta bolsa blanca de plástico la famosa tortilla del padre de Paulino” y como la mente pregunta y las manos ejecutan, ya había cogido entre sus manos un pequeño y casi vacío tupper de plástico, mal cerrado, que digo mal cerrado, entreabierto…y se disponía a coger una cosa azulada, bien cortada con toda la veta brillante, cuando irremediablemente hubo un lamentable accidente, un choque brutal entre el que ya se relamía y los que huían despavoridos del ataque mortal de las hormigas del Mirador. Dos segundos después del choque, la escena era dantesca y una sensación muy extraña recorrió nuestros afligidos corazones provocándonos escalofríos intensos. Juro por el agujero de sa Foradada que intentamos luchar cuerpo a cuerpo con semejantes bichos del averno para recuperar tan preciado manjar que había (poco, eso si) en el tupperware (he dicho que estaba entreabierto?) de Paulino, pero no hubo manera. En un visto y no visto desaparecieron todas las hormigas y todo el jamón 5 jotas cortadito con mimo y mucho cariño. Desapareció todo?, todo no….en la comisura de los labios de ese que había abierto la caja de Pandora quedaron medio pegado un par de trozos. Mientras se retorcía de dolor o de risa tras el infortunado choque de trenecitos y locomoras, alguien dijo “ahí quedan un par de trozos” y rápidamente volando sobre nuestra cabezas, nos lanzamos a comerle la boca, digo el último eslabón perdido y……………………………la luz que nítidamente iba desapareciendo nos aviso, asustada, que la vista interesante era la que estaba a punto de producirse a nuestras espaldas, pues el sol iba menguando atravesando poco a poco la línea, torcida, del horizonte. Ese momento lo aprovecho el susodicho, para comerse los restos que había conseguido salvar y mientras todos nos recomponíamos y silbábamos cada uno mirando en direcciones contrarias, dijo algo así como “….pues no era para tanto” “los he comido mejores”. Como en el cuento de la Hormiga y la Cigarra, las hormigas se habían puesto hasta el culo y las cigarras hacían fotos de la puesta de sol. Contemplando los últimos rayos del día, observamos a nuestros compañeros encima de la Foradada disfrutando también de la puesta de sol. Todos?, si,…pero yo en ese momento no lo sabía, solo contaba cinco por lo que suponía que mi querida mujer se había quedado tranquilamente en la cala y no había subido. Luego me enteré que había coronado sa Foradada como la crack que es y yo flipe en colorines azul y grana. Manel me acaba de enviar y mil gracias por ello, un parell de fotos que así lo atestiguan. Nosotros mientras tanto seguíamos con nuestro dolor de conciencia mirándonos en silencio, pensando que la historia era tan inverosímil, tan increíble, tan de otro mundo como la puesta de sol que justo acabábamos de presenciar, que nos jugábamos nuestra credibilidad en cuanto ellos subieran a cenar. Alguien dijo “y si contamos la verdad’” y otro contestó “si, como la historia de la Biblia, no te jode”, “joder, no nos va a creer nadie”. Todavía deslumbrado y medio cegado por el candilazo espectacular que habíamos presenciado, me pareció ver como una hormiga, la más puta de las hormigas, nos guiñaba el ojo. Fue en ese momento cuando el político del grupo, el vende humos de los compresores, acuño la frase de “robar panderetas” y a partir de ahí fue un verdadero cúmulo de despropósitos, comidas de coco y mentiras varias. Recuerdo que alguno de nosotros insistió en que contáramos la verdad, únicamente la verdad…y ya veis, por no hacerlo, todos piensan que degustamos a la luz de los últimos rayos del sol un espectacular jamón cortadito, con sus vetitas, con su corte artesanal, asi como, asi…ñam, ñammmmmm, ummmmmmmm!!!!.

El otro momento inexplicable ya os lo he avanzado, Lluisa en plan Dora la exploradora escalando la escalera al cielo. Como no tengo más datos, ya que esta mañana cuando me he ido a trabajar ella y sus vacaciones todavía dormían, recabaré información y haré un análisis de situación al respecto. Una vez acabada la cena, aplauso unánime y ovación en pie a la tortilla de patata del padre de Paulino, y ya degustando la coca de albaricoque de Andreu, escuchamos unas voces no de ultratumba pero si de ultralejos. Esto ya no es que fuera inexplicable, es que era surrealista. Por la pista bajaba, feliz y contenta, con su cámara de fotos al ristre en ya noche cerrada, con la sana y única intención de cenar con nosotros, reir dos veces y vuelta para arriba a desandar lo andado, Evelin y sus circunstancias. Haciendo caso omiso al peligro que amenazaba en cada curva, a esos ojos brillantes, malignos, que parpadeaban en la oscuridad, llego, vio, comió y subió de nuevo con nosotros para arriba de vuelta. Último esfuerzo, humedad superlativa, bar chill out del mirador cerrado a cal y canto y despedida en los coches, pensando si tomábamos la última o no en Deià, lugar de culto (y secreto oculto) para parte de los Traveseros de este año 2014 . Noche genial con una puesta de sol para recordar….mientras allá a lo lejos entre el eco y la brisa, adivinábamos a escuchar como esos bichos infernales, de ocho patas, tatareaban una melodía tal que “donde esta el jamón, matarile, rile, rile donde esta el jamón, matarile, rile, ron!!!!!!”.

Cada uno de los vigilantes de la puesta irá colgando sus galerías por aquí y por allí. Yo me despido con la mía….hasta el jueves que viene que habrá más y mejor.

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Aventuras y desventuras del comando 5 Jotas…..

Las fotos de Melga

Puestas de sol desde na Foradada
Puesta de sol desde na Foradada, con el grupo El Palomar

 

4 comentarios sobre “Puesta de Sol en sa Foradada

  1. O me falla la memoria o nada de lo que cuenta aquí Fernando se ajusta a la verdad, el jamón fue abducido por una nave espacial que paso por el lugar en el peor momento que fue cuando estaba Bernar preparando las viandas para los que habian bajado a la cala a refrescrase y si no hubiera sido por la resistencia que pusimos los cuatro palomos que estábamos de guardia nos hubieran dejado sin nada que llevarnos a los labios, así que tanto mis tres compañeros como yo nos merecemos la medalla al valor

  2. Mi comentario va para esa panda de abrazafarolas que en vez de disfrutar de la compañía de sus amigos, se dedicaron a asaltar con casi nocturnidad y alevosía los alimentos que habían traído los demás integrantes del grupo . Que panda de impresentables empezando por Mochilete ( Fer ) pasando por Cantimploro ( Abu) y acabando por el robapanderetas ( Bernar )y el Sheriff Ripoll ( el ya sabe quién es ). Os vais a acordar !!!!!!!
    Y encima mentirosos hasta las trancas ya que la condición para traer tortilla era aparecer en la portada de las fotos………
    De las fotos….las que más me gustan las de Evelin.
    Hala!!!!!! que os den

  3. Pues sí, como dice Melga, estaba bueno el jamón.
    De la galería de Fer me quedo con las tres fotos (66, 67 y 68) del comando ‘Pata Negra’, digo 5 jotas que más o menos es lo mismo. Por cierto para ver muchas de las fotos he tenido que poner una cuña en la parte izquierda de la pantalla porque se me salía el agua del mar por ese lado.
    De la galería de Melga elijo dos de ellas: la 18 por lo bonito que es ver una pareja bienavenida cogida de la mano (que aprovechó a invitar a su mujer para disimular lo de ‘palomo cojo’). Por otro lado la foto 85 en la que su momento único demuestra dos misterios resueltos: por un lado la nave que se llevó el jamón antes de que la peña lo pudiese degustar y al fondo el rayo verde del que tanto se habla pero que nadie ve.

  4. Cuando pille a los del Comando 5 Jotas …..
    Un placer disfrutar de estas puestas de Sol. me tranquiliza ver que hemos pasado de ser el ” Club de los palomos cojos” a ” El Palomar “. Aunque por las fotos que he visto, cuando los fotógrafos se quedaron a solas….algo extraño sucedió , además de lo del Jamón.
    A ver dónde nos lleva Andreu el próximo jueves.

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