Excursiones,  Playas y calas

Una historia interminable……de Cala Figuera a es Caló des Moro

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PD: En este caso, el posdata es al revés, lo escribo al inicio de la crónica como aviso a navegantes y a escaladores varios. Reconozco que esta vez, esto de aquí abajo se me ha ido de las manos y hace honor al título de la crónica….una historia interminable. Pido perdón por ello, prometo aprender a resumir un día de estos…………

Llego el sábado 12 de julio y ocurrió. Sucedió durante todo el día pero antes, previamente, ya había empezado a pasar. Acaeció horas antes del despertador rutinario, del de siempre, del de el sexto día de la semana, 6:45, ni un minuto arriba ni dos abajo. Lo apago. 6:54, otra vez de nuevo, cansina musiquilla, pipipipipipipipi, me había vuelto a dormir, lo suelo apagar también. 7:03 me intento incorporar, despacito, me quedo sentado en la cama, miro a mi alrededor, “¿y si llamo que me encuentro mal?” “joder, todas las semanas hay alguno, alguna, que sobre estas horas se acaba de acostar y con un emoticono sonriente envía un mensaje grupal o particular, pegándote un susto de muerte, avisando que no le esperemos, lo que se traduce como deserción en toda regla”…y sin pensar mas cosas en voz baja, me acabo levantando, sin hacer ruido, sin encender la luz, sin……..Pero espera, no corras tanto, no quieras saber mas que yo, habíamos dejado la historia unas horas antes de la escena despertador, vamos a intentar seguir un orden cronológico, sino será imposible seguir el hilo argumental después de un día tan largo como fue el sábado.

Cena el viernes, dos personas, dos Estrellas (hasta ese momento, luego había que beber, conjuntamente, para asimilar), momento zen de la semana, el ying y el yang comentando la jugada. “¿Dónde vais mañana?” ”Yo tengo esto a tal hora” me espetó así a bocajarro, entre sorbo y sorbo. “Calas de Santanyi”, dije yo, “espectaculares”. “Ah” dijo ella. “¿Por qué no te vienes?” pregunté, convencido que la respuesta sería negativa, mas o menos larga, pero negativa. Cuando escuche eso de “¿y es muy dura?” un escalofrió repentino recorrió todo mi cuerpo, como si me hubieran acariciado el cuello con el filo del pincho de la brocheta que estaba desmontando. “No entiendo porque no ponen ya los trozos cortaditos de pollo y verdura en el plato en vez de provocar la posibilidad de ensartar a alguien y tener un disgusto” pensaba yo, absorto en pensamientos de metafísica profunda, mientras el mundo se estaba parando a mis pies y yo no era del todo consciente. “No, que va, unos siete kilómetros y prácticamente sin desnivel…y ¿te he dicho que unas calas espectaculares?”. “Toni, otra Estrella” dijo ella con el brazo levantado que yo casi entendí como un “me apunto”, pero no, no era eso, todavía se lo estaba rumiando con esa media sonrisilla de “Uyyyyyyy lo que voy a decir”. Llegados a ese punto, yo estaba levitando por encima de la silla. La gente a mi alrededor no era consciente porque yo me sujetaba fuertemente a las dos asas de la susodicha y apenas dejaba que la emoción gravitacional me levantará escasos centímetros del reposa posaderas, pero cuando note esa gotita que me caía por la ceja, cogía velocidad y sonaba al chocar con el canto del plato como suena la cascada al caer en el Gorg de Ca’n Cati, último salto del Torrent de Biniaraix, supe que no aguantaría mucho mas y mi nebulosa física contemplaría a la gente de la plaza por encima de sus cabezas. “ Responde, por Dios, no me tengas en este sin vivir”. (Nota mia; para entender en su justa medida el texto perpetrado hasta este paréntesis, considero necesario mencionar un pequeño detalle sin importancia…..en los trece años que llevamos juntos mi mujer y yo, el máximo kilometraje que hemos compartido ha sido arriba y abajo por los pasillos de algún centro comercial, de turistas “loquierovertodo” en algún viaje sin playa y tumbona o en la penúltima y antepenúltima puesta de sol de los jueves). Comprenderéis queridos seis lectores (incluyendo ya a esos que han salido de las cavernas del anonimato como Teresa y el padre de Antonia) que lo que estaba a punto de suceder para mi era un acontecimiento inaudito, insospechado y esperado, un paren máquinas a viva voz, un subirse al tren de Soller en marcha. “Voy” asintió moviendo la cabeza de izquierda a derecha, como si fuera una última evidencia de que ella quería hacer algo que su subconsciente no tenía tan claro….o era al revés?. Mientras sonaban violines y trompetas, acordes de guitarra, fuegos artificiales y un par de rollos de confeti se deshacían al entrar en la atmósfera, enviaba un mensaje a Miguel “ 2 bocadillos con trampó para mañana” ya que amablemente se había ofrecido para comprar el mío en el horno enfrente del Bar Marprats. “Y eso?” preguntaba. “Yo también puedo añadir féminas aventureras al grupo” le contestaba orgulloso, mientras mis dedos se enfrascaban en una lucha fraticida con el teclado, peleándose con el corrector automático, presa del nerviosismo, la emoción y los Hendricks de rigor.

Sábado, 7:47 saliendo de casa. Por primera vez en mis escapadas semanales, salía de casa acompañado. Me he explayado mucho con la cena del viernes por lo que omitiré que sucedió desde las 7:03 del último despertador hasta salir de casa. Idas y venidas, mochila, bebida, botas de uno, botas de otra y un “¿pero que estoy haciendo yo con mi vida?” que sonó a un último y fallido intento de arrepentimiento.

7:57, mensaje de Juanpe “Buenagfdgaf nochedfsgsg, no me esperygdhjsjjsj” “joder, como ha acabado este el viernes” pensamos.

8:00, parking de Anthony’s. Empieza, sino estábamos ya inmersos en un bucle continuo e inestable, “La historia interminable”, también conocida por la historia sin fin. El escritor de la novela que lleva por título semejante ocurrencia, el auténtico, el de verdad, defendía que su novela no era solo una narración juvenil sino que reclamaba la parte crítica de su historia y el mensaje que llevaba implícito. Expresaba el deseo de encontrar “la realidad que nos rodea a través de recorrer el camino inverso, es decir, la parte interna de cada uno que reside en su imaginación”. El protagonista de su aventura era Bastián y para descubrirse así mismo, abandonaba el mundo real (donde nada tiene sentido) y entraba en el país de lo fantástico, donde todo, curiosamente, esta cargado de significado. He utilizado el título del libro para remarcar estos dos conceptos. El propio significado de la leyenda en cuestión, como se irá viendo a lo largo del día y la parte mágica donde mezcla realidad con fantasía, comportamiento cabal con locuras inimaginables. Una vez vivido, cuando echas la vista atrás, desde la tranquilidad y cordura que te da la experiencia y el saber estar, confirmas aliviado que nada de lo que vagamente recordabas había ocurrido y en el fondo, había sido una excursión como otra cualquiera, o no?. Si lo que realmente sucedió fue que abandonamos el mundo real (parking de Anthony’s) para descubrirnos personalmente, estoy seguro que mas de uno se llevó una sorpresa, en forma de un mundo amable y cruel, que solo conocían en sueños, con esa rienda que ahora suelta te permite disfrutar y ahora cogida y tensa te recuerda que estas bajo un sol de justicia, atravesando el asfalto de la urbanización de Nunca Jamas y no sabes ni donde estas ni cuando se te espera.

8:01 seguimos en el parking enfrente de Anthony’s. “¿Son esos?” “No, no conozco a nadie. Espera, uno de ellos es Paulino. Joder, que palique a estas horas, este se acaba juntando con todo el mundo. También esta Klaus”. “Bon día, y estos?” “Invitados de Libero”. Besos, hola, saludos, que tal, yo bien, “¿sabéis donde vamos?” “Nein, ich verstehe nicht, es tut mir leid”. “¿Y Libero’”. “Ahora viene, ha ido a por bocadillos”. “Hola Libero, buenos días, ¿has explicado a tus amigos donde vamos?, veo mucha chancla y vestido playero” “Si, todo ok, no problema”.

8:20 salimos de Inca, estamos perdiendo las buenas costumbres. Los cinco minutos de cortesía se han convertido en un venga usted cuando le plazca. Dos coches, diez personas, rumbo a Santanyi. El camino se hace ameno, la gente ya se ha despertado y van comentando la jugada. Las preguntas van encaminadas principalmente a averiguar si mi mujer se había dado algún golpe o había subido al coche engañada. Cuando ella explica risueña (perdón, lapsus linguae, mi mujer a las 8:25 nunca esta risueña), explica, a secas, que esta encantada con lo de las calas, la gente murmura balbuceos inentendibles y callan un rato.

9 y algo, gasolinera en la entrada de Santanyi. Nadie conocido, viva Mallorca y las sábanas pegadas por la mañana. Llamada de teléfono “ahora llegamos, yo se de una que se ha dormido”. 9 y algo mas, 12 personas, tres coches, rumbo a Cala Figuera. En la entrada de Cala Figuera vaciamos los coches y mientras algunos vuelven a su niñez jugando en los columpios, Libero Paulino y yo vamos con dos coches a dejar uno al final de la excursión programada para hoy, en la urbanización de Cala s’Almunia, al lado de la bajada a la cala del mismo nombre y es Caló des Moro. Una vez todo en orden y cada uno en su sitio….empezamos la excursión propiamente dicha para ir a buscar el punto de inicio de la ruta lineal. Bajamos por una de las calles que nos llevan al Port de Cala Figuera. Cruzamos tanto el Caló d’en Busquets y el Caló d’en Boira, las dos entradas de mar de Cala Figuera. Subimos por unas escaleras, después del primer paso por el puerto y un sinfín de fotografías, para ir a buscar primero la calle y luego la pista de tierra que nos dejara debajo de la Torre d’en Beu. Primera parada del día y desayuno. Este es el punto de inicio de la excursión preparada para hoy. Entre llegar aquí y volver a cruzar Cala Figuera, calculó que un par de kilómetros largos se sumaron a los previamente comentados a la gente por lo que estos eran de añadido. Es bueno, a veces, guardarse algo de información en la manga para evitar abandonos prematuros.

Después de la merienda y tras cruzar de nuevo Cala Figuera, proseguimos la marcha dirección a Cala Santanyi por un estrecho sendero bien pegados a los acantilados. Las vistas desde esta perspectiva eran increíbles e incluso divisábamos ya Es Pontas desde una toma lateral y Cala Llombards. Yo iba andando pendiente de Lluisa pero ella se manejaba sola perfectamente. Íbamos todos echando un ojo a los alemanes amigos de Libero y Klaus y hasta ese momento todo transcurría según lo previsto. Poco antes de llegar a Cala Santanyi empezó a cambiar un poco el terreno y el decorado se hizo más atractivo. Hubo que trepar y destrepar por un par de sitios y pasar al filo de alguna roca solitaria sobre la vertical del mar, sin novedad en el frente. De hecho, mi mujer se sintió bastante cómoda y ágil por esos lares. Llegada a Cala Santanyi ya con las botas y zapatillas en las manos, andando sobre la arena, buscando un sitio entre la muchedumbre donde aposentar nuestros reales. Lo encontramos en una esquina de la cala y raudos, algunos mas que otros, nos metimos en el agua. El detector oficial de medusas del grupo, Jaume, avisto una y dio aviso al resto del grupo. Una jodida medusa en toda la cala y en nuestra zona. Luego, mas tarde, Paulino me enseño la marca que le había dejado en el antebrazo. Rápidamente se nos quitaron las ganas de baño y el remojón, apenas sirvió para quitarnos un poco el calor del cuerpo. Ya alguien había insinuado lo de estar algo de tiempo en la cala para tomar un café en el chiringuito y Paulino, quien sino él, lo pillo al vuelo. En un abrir y cerrar de ojos, mientras los rezagados todavía estaban entrando o chapoteando en el agua, estábamos sentados alrededor de una mesa con unas Estrellas nosotros y café e infusión ellas. Es de ese momento las dos famosas fotos de las diez diferencias que ha colgado Paulino en su Facebook. Todo transcurría como debía, sin sobresaltos, sin nada fuera de lo normal, extrañamente convencional. Era todo tan rutinario que hasta la primera camarera que nos atendió, mostro su cara mas borde y antipática cuando le dijimos “only drink, no comer” y nos despachó con un “pues las cañas están muy frías” como si le disgustara servirnos botellines. Fueron apenas un par de frases del tipo “que bien se esta”, “yo me pediría otra” “ummmmm, ese olorcito a paella” “que va, ahora no, nos queda mas de media excursión” cuando Paulino dejo caer su sugerencia, que sonó a invitación a entrar en la pesadilla y aunque parezca mentira, en cuestión de escasos segundos, tenía el beneplácito de todos los asistentes…….no germanos. “¿Y si……cenamos un arrocito en Manolo Barahona en Ses Salines?”. Mientras una de los atónitos espectadores a semejante ocurrencia intentaba con llamadas y mensajes reconducir su agenda, Paulino llamaba por teléfono para efectuar la reserva y nuestro gozo en un pozo, no había sitio ni en el primer ni en el segundo turno. Como luego podrá comprobarse fidedignamente, no hay mal que por bien no venga, pero en ese momento no éramos conscientes. Tras unos segundos de lamentos y de abatimiento global, no era cuestión de dejar caer en saco roto semejante propuesta libertaria y casi al unísono, nuestras miradas inquisitorias fueron a clavarse en los ojos asustados, cual liebre silvestre, de Jaume, conocedor de la zona. He de reconocer que ahí Jaume estuvo rápido, vivo y resolutivo. ¿Agenda?, ni de coña, llamada a casa, conversación con los progenitores y acto seguido tenía el teléfono de una pariente, no recuerdo rango, que vive en Sa Rápita. Segundo paso, llamada a la señora en cuestión e inmediatamente y siguiendo a rajatabla sus inmejorables consejos y recomendaciones, Jaume reservaba mesa para ocho a las ocho (por lo de no tener que hacer demasiado tiempo por esos mundos de Dios) en el Racó de sa Rápita. Al final de este libro de cabecera, de esta historia de mesilla de noche, haremos mención a la espectacular cena degustada en semejante templo culinario. Mensaje en el chat y María que se anima, “allí estaré a las 20 horas”. Con la locura por bandera y teniendo plan para la noche, resumido a bote pronto en una quedada para fotografiar la super moon de sa Rápita, reiniciamos la marcha. Nos detuvimos un rato delante del mirador de esa maravilla que es el puente natural de es Pontas y seguimos bien pegaditos a los acantilados en busca de la siguiente cala del día. Llevando a la gente en fila de a uno por la línea de costa, llegamos a lo que parecía un callejón sin salida a la altura de una casa colgada sobre el abismo. Allí Paulino se adelanto para tantear el terreno y de pronto, aunque parecía desde lejos que estaba hablando solo, en realidad se estaba dirigiendo a una gente encantadora que a su misma altura, desde su propia casa, estaban comiendo y entablaron una conversación tal que así “ Hola, disculpe, se puede pasar por aquí delante?” “si, pero es complicado” “ah, es que llevamos un niño” “no se preocupe, pase por aquí dentro, por nuestra casa”. Así fue, como 12 personas pasaron a escasos metro y medio de donde comían tan espléndidos anfitriones y con un “Bon profit” (que no debían entender porque sonriendo asentían encogiendo los hombros) atravesamos su casa y salimos por el jardín a una especie de calle que desembocaba en unas escaleras que nos bajaron a es Caló des Macs. ¿Que decir de esta cala?, mediterráneamente maravillosa. Comida a la sombra en una pequeña cueva en una esquina de la cala. Disfrutamos como críos en un agua extremadamente transparente. Era todo tan romántico y tan bonito que mi mujer, que hasta ese momento se había mantenido en un segundo plano, observando todo a su alrededor, escuchando y aprendiendo, muy independiente ella, se acerco a mi lado para darme un abrazo (o eso me estaba yo imaginando) y ese momento único, que nunca llego a suceder, fue interrumpido bruscamente por un latigazo fugaz, un calambrazo mutuo, un chasquido de electricidad estática que sino fuera por una pequeña reacción alérgica que nos apareció sobre la piel a ambos dos, todavía pensaría que era una emoción mutua. Ni que decir que cuando me di cuenta del pequeño sarpullido, Lluisa ya estaba tomando el sol sobre las rocas. A pesar de ello, el resto de la gente, tras intentar observar detenidamente el movimiento de cualquier cuerpo extraño sobre la superficie y no ver nada que representara ninguna amenaza en forma de medusa, continuo con el baño, eso si, con un poco mas de cuidado. Mientras Paulino se dedicaba a inflar unos pequeños reposa cabezas de plástico, gentileza de Bernar y su empresa, Monika y Gaby disfrutaban de las bondades del astro sol. La colonia germana del grupo nadaban y guardaban la ropa, casi igual que hicieron la noche siguiente en la final del mundial. Parece que no están pero de pronto, con sus “sehr schön, fantastisch y wunderbar” te das cuenta que siguen ahí, agazapados, dispuestos a llevarse en sus retinas todas nuestras maravillas naturales y meter en frasquitos hasta el aire que respiramos. Nadie quería irse de allí y abandonar semejante descubrimiento a manos de vete a saber tu que tipo de gente,…veraneantes y turistas. Después de unos cuantos tiras y afloja y de “desinflamar” los cojines flotantes (Monika copyright), emprendimos la marcha costeando con la idea de poder llegar a Cala Llombards saltando de roca en roca. Rápidamente llegamos a una abarrotada Cala Llombards y cruzamos la arena hacía la calle que baja a la cala. Todo lo que venía ahora era nuevo para los guías del grupo. Tenía mas o menos claro como salir de allí en dirección a Cala s’Almunia y es Caló des Moro pero sinceramente desconocía el tiempo que nos iba a llevar y la dificultad de lo que nos íbamos a encontrar. Entenderéis (el que haya llegado hasta aquí) que todo lo que salía por mi boca ante preguntas recurrentes, eran mentiras piadosas. “Enseguida llegamos” “ya no queda nada” “son veinte minutos”. La verdad es que con la que estaba cayendo, cruzar la urbanización de Cala Llombards se hizo interminable y el asfalto quemaba. Cuando llegamos de nuevo a la altura de los acantilados y encontramos un senderillo, la brisa marina suavizo bastante la temperatura y la cara roja, acalorada, de mas de uno. Ayudo un poco el apreciar las vistas brutales de es Caló des Monjo desde una perspectiva única. Tras abandonar un pequeño bosquecillo y destrepar para superar una torrentera llegamos a la última calle de la urbanización de s’Almunia. Aquí alguna, de habla centro europea, llego ya sedienta y tocada. Aprovechamos en este punto para que bebieran y se repusieran y nos dispusimos a andar los últimos ochocientos o novecientos metros por el asfalto hasta las escaleras de Cala s’Almunia. Ante la pregunta de “os queréis bañar en la última cala del día” las teutonas, madre e hija, con cara desencajada dijeron algo así como “Nein, danke schön” pero estoy convencido que lo que de verdad querían decir es que “ni de coña majete”. Libero nos dijo a Jaume y a mi que sintiéndolo mucho deberíamos ir en ese momento a por los otros coches a Cala Figuera y una vez de vuelta, ellos se irían ya hacía Alaró que se les había hecho tarde. Eran las 17:45 y para allí que nos fuimos. El trayecto en coche Cala s’Almunia a Cala Figuera se me hizo eterno. Media hora después Jaume y yo aparcábamos los coches dos calles más arriba de las escaleras de antes y tras observar como Libero y sus acompañantes salieron disparados dirección zona conocida, ajamos a buscar al resto de la cordada que ya llevaban un rato nadando en es Caló des Moro. Bañito, cuatro fotos y de nuevo para arriba, ultimo esfuerzo del día, las tropecientas escaleras que suben de la cala. Todos con camiseta de repuesto, ¿límpia? y la mayoría en chanclas fuimos hacía los coches con la idea de disfrutar de la última parte del día…..nuestra mesa reservada en es Racó de sa Rápita. Mesa de ocho, redonda tras sugerencia de su interlocutora, había reservado Jaume y hacía sa Rápita nos dirigimos siete en dos coches, esperando que María acudiera a la cita a la que se había comprometido con un claro, convincente y escueto “ok”.

Llegamos al restaurante, en primera línea de sa Rápita en la carretera dirección s’Estanyol, (www.esracodesarapita.com) y justo antes de aparcar vimos a María paseando por la acera esperándonos. 19:40 de la tarde y con unas pintas que “pa que” entrábamos a la terraza del restaurante en busca de nuestro codiciado trofeo, bebida y comida. Lo que aconteció a partir de ese momento bien merece ser resaltado en esta resumida crónica. Convencido estoy que pasará a los anales de la pequeña historia de aventuras de este grupo diverso, disperso y bien avenido, de recortes y deshechos de Penjats, Esquirols, del Club del Palomo Cojo, del de El Palomar y del Corral de la Pacheca y la madre que nos parió. No somos muy de recomendar sitios porque pocas veces, por número de gente principalmente, nos sentamos a mesa y mantel. Exceptuando nuestro centro neurálgico de la Serra de Tramuntana en C’an Gallet, alguna escapada muy concreta al bar Pinar de Cala Sant Vicenç después de alguna paliza por la zona, los viajes gastronómicos por Picos de Europa y Pirineos y nuestras maravillosas degustaciones culinarias en casas varias de gente del grupo, de los que no voy a dar nombres pero todos sabéis a quienes me refiero, porque sino luego se apunta todo el mundo, nunca hacemos mención especial a nada que no tenga que ver con la montaña o nuestra búsqueda de calas. En esta ocasión y sin que sirva de precedente cambiaremos de política y como buenos chaqueteros, nos convertiremos en críticos gastronómicos. Estábamos ya sentados y nos servían amablemente la primera ronda (entenderéis que tuviéramos nuestras reticencias ya que llegábamos de “empalmada” uniendo día de excursión con la cena), cuando llegó ella, con su sonrisa y su mochila, dispuesta a seguir con su jornada de trabajo. Lo primero que hizo fue venir a saludar a la mesa preguntando por el que había reservado dando nombre y apellido. Jaume, para no poner en riesgo su reputación bien ganada a lo largo de los años, ni pestañeo, apenas levanto la mirada leyendo como estaba la carta del restaurante. Los demás agradecimos el detalle y nos pusimos en sus manos y en las de “papa” y “mama”. Un diez el trato, espectacular, inmejorable. Se comía la sala con un poderío y un arte increíble, derrochando simpatía por doquier, con unas tablas que ya quisieran en según que sitios. Mientras marchaba la picada respondía preguntas sobre los segundos, orgullosa de la “cuina casolana” de es Racó. Mientras seguíamos con unas cervezas muy frías y alguna se decidía por seguir, aconsejada nuevamente, con un vinito blanco, dábamos buena cuenta de la picada. El rebozado de los calamares era exquisito y el cazuelón de mejillones marinera insuperable. Todo hecho al momento, con un cariño descomunal. De segundo, casi todos, menos María y sus ensaladas, se decantaron por unos huevos y lomo con tumbet mientras tres de nosotros teníamos antojo de arroz. Agradecer a Paulino y Monika que les pareció correcta mi sugerencia de arroz meloso. Parece que acerté de pleno, ya que según ella, es uno de los platos estrella de “papa”. No recuerdo exactamente si fue con los primeros o con los segundos cuando Paulino dijo aquello de “que venga el cocinero que le doy un beso” y ella ni corta ni perezosa dijo en voz alta en el office de la barra “Papa, aquí hay un señor que quiere darte un beso”. La cara del artista era todo un poema cuando Paulino le abrazaba y no tenía claro si volvería a la cocina con un simple apretón o con un muerdo en condiciones. Menudo crack!!!. La gente disfrutaba del tumbet mientras nuestro arroz no es que fuera meloso es que era lo siguiente…un amor. Cuando todos habíamos quedado satisfechos y quien mas quien menos pensaba en los cafés, apareció de nuevo con su sonrisa, ( no se quien le pregunto si estaba soltera……) y nos sugirió los postres de “mama”. Cucharada a cucharada acabamos con una mousse de chocolate, con un pastel recién hecho de cerezas, con otro de queso, una de frutas del bosque y un banoffee riquísimo. Cafes, hierbas y orujos para poner punto y seguido a una jornada brutal. Como siempre me ha encantado la expresión que he escuchado por algún sitio de “casa de comidas” para describir un restaurante, la utilizaré en esta ocasión para definir un auténtico descubrimiento por mi parte. Y muy buen precio.

Tocaba volver a nuestra zona de influencia y a eso nos aplicamos, tranquilamente, porque nos quedaba un buen trecho. Paulino con el móvil intento hacer un par de fotos a la luna llena y el resultado fue lamentable. Y así con alguna que otra risa, musiquilla y más de uno sujetándose la cabeza para no parecer aquel perro de salpicadero que estaba de moda hace unos años, llegamos primero de vuelta a Anthony’s y cada uno, creo y espero, a su casa. A las doce en punto de la noche giraba la cerradura de la puerta de casa mientras le decía a mi mujer que había sido un día atípico y difícil de olvidar. Antes de agradecer a todos los compañeros del día por una jornada inolvidable, me permitiréis (y sino da igual) una mención especial a mi mujer, que se porto como una campeona y de la que estoy orgulloso. Y ahora si, a todos vosotros, a los que empezaron por la mañana y a los que acabamos por la noche, un placer, como siempre.

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Que belleza……..es Caló des Moro

 
Las fotos de Melga

Palino y sus secretos, en vez de la barca de Chanquete es la barca de Paulino
Palino y sus secretos, en vez de la barca de Chanquete es la barca de Paulino

7 Comentarios

  • melga

    Es cierto que nunca sabes como acabara una de nuestras salidas, pero hay que reconocer que siempre acaban estupendamente . Unos que son unos liantes y otros que nos dejamos liar con mucho gusto. Lluisa retando a Fernando para el sábado que viene, jajajajajajaja.
    La historia Interminable si no recuerdo mal tiene una segunda parte, asi que Fernando ve pensando como continua el relato.

  • jaume garau

    La foto 69 es… es… mmmmm. Bueno cambiando de tema e intentando borrar una imagen que se ha quedado marcada a fuego en mi memoria aclarar que normalmente soy un cabrón, borde, asocial y psicópata sin sentimientos,entre otras muchas cosas, aunque de vez en cuando si las circunstáncias lo requieren con un gran esfuerzo por mi parte medio consigo parecer casi simpático en momentos puntuales, que no suele ser cuando tengo hambre y me ponen una carta delante.

  • paulino

    Os hago saber que la porra del sábado que viene está 15-1 a favor de Lluisa ( llegará a S’olla antes que Fernando ).
    He imprimido la crónica para leerla por capítulos. Fer te has pasado 2 telediarios y todo para quitar protagonismo a tu mujer y que todo el mundo hable de tu panfleto excursionista.
    Tienes que aceptar que te ha quitado el protagonismo absoluto del que estabas gozando sin merecerlo. Ella aportó frescura y risas en el grupo del sábado…hasta los Kartofen se lo pasaron bien.
    Tienes que admitir que el sábado que viene se puede producir un punto de inflexión en el grupo y que posiblemente el que, a partir de ahora, se quede en casa los sábados seas tú.
    MELGA : has iniciado una batalla que creo vas a perder……prepárate …has desatado los perros de la guerra. Atento a las consecuencias . Fíjate con quien te abrazas , pellizcas, besas, manoseas…porque todo , todo, todo saldrá en Facebook y etiquetado.

  • AndreuQ

    La crónica la leeré más tarde… cuando tenga una hora completa libre!
    Me da mucha rabia no haber podido ir y más teniendo libre pero mis pies estaban demasiado doloridos y dañados (tendinitis, tobillos inflamados, golpes y durezas en las plantas…) para poder salir de excursión sin agravar su estado. Tendré que ir por allí… aunque sea sólo.

    De las fotos de Fer iba a elegir la 196 pero estéticamente la imagen queda rota debido a las zapatillas de goma y esas piernas sin depilar por lo que tendré que decidirme por la 197 en la que esas tres bellezas destacan sobre ese entorno paradisíaco.

    De las fotos de Melga me quedo con la 68 en la que vemos a ‘Trancas y Barrancas’ atendiendo a la cámara mientras que las invitadas al programa disfrutan de un intermedio a su aire.

  • Lluisa

    A ver, tranquilidad!! Me estáis poniendo el listón muy alto!! Por favor, expectativas realistas!! Agradezco de todo corazón vuestra confianza pero la realidad es otra! Siento defraudaros pero tengo que confesar que no estoy a la altura de mi querido esposo… No solo en pateadas, tampoco en su faceta literaria y/o de investigación…
    Y sin que sirva de precedente porque no me gusta ponerme seria, agradeceros a todos de verdad la acogida y apoyo a una novata total. Así da gusto. Me lo pasé genial desde el principio al final!! Volveré (al menos mientras haya calas… )!!!

  • Fernando

    Para la tranquilidad de todos esos que se están poniendo nerviosillos con lo que pueda acontecer el sábado y apuestan en mi contra…..decidles que votar a favor de Lluisa es votar a caballo ganador…hdlgp!!!!. Por lo demás y aún reconociendo que se ha hecho larga esta vez, he disfrutado intentando recordar todo lo que paso durante el día y escribirlo para la posteridad para que no caiga en saco roto. Lo que puede pasar a partir del sábado es que mi mujer le coja el gustillo y a partir de ahí el grupo lo formemos exclusivamente ella y yo….ya que tendría muchos rincones que enseñarle, ya hechos por el grupo…y no querría aburriros, jejeje.
    Una lástima Andreu que no pudieras venir, lo pasamos de coña. Aunque ya me jode que estés con esos problemillas físicos, también es un alivio para los demás saber que eres humano…..alguno ya pensaba que escondías antenas verdes debajo de ese sombrero tuyo que llevas.

    Fotos?, de las mias me gustan las de Lluisa medio trepando, medio sujetándose a alguna pared por motivos obvios y novedosos para mi. De las de Miguel, aparte del momento columpio, coincido con Andreu, la 68 es buenísima. También me quedo con las de es Pontas desde el mirador que te ofrece la posibilidad de una perspectiva global.

    Voy a aprovechar que tengo ahora un ratillo y voy a ver si me puedo leer la crónica de un tirón……..bona nit!!!

  • Monika

    Increíble día,increíble historia largaaa pero muy bien hecha,las fotos todas como siempre,en especial la de luna llena (no recuerdo el número 🙂 y la la mejor compañía mención especial a Luisa,que esta mucho más preparada que su querido marido pensaba ,y como siempre agradecimientos a la mochila de Paulino con sus refrescantes latas de coco cola,en resumen la mejor excursión de este verano (por ahora 🙂

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